Drogas: La caída de la familia

POR JUAN ALBERTO YARÍA

16.09.2019

Existe desde nuestro punto de vista un default humanístico en nuestro país. Temas centrales, que hacen al capital humano y social de cualquier nación, son ignorados de las discusiones políticas y de armados para ayudar a miles que están en emergencia, y no solo alimentaria.
Nuestros conurbanos en la Ciudad de Buenos Aires y Provincia son un gran problema epidémico. Ni hablar del Gran Rosario o el Gran Córdoba. Todos hablamos de la emergencia alimentaria, del hambre, de la falta de trabajo, del delito (basta caminar por las calles laterales a las avenidas para observar las rejas en las casas casi como un «paisaje» carcelario).

En realidad también habría que hablar de los consumos ya pandémicos de drogas y alcohol y de las tasas de enfermedad mental en ascenso. Ni hablar de la palabra olvidada en nuestro país como es la familia.
Me voy a referir a los espacios que configuran zonas críticas del conurbano bonaerense con sus 24 municipios que concentran el 28% de los electores y con un 41% en situación de pobreza representando el 0.5 de territorio en todo el país en donde habitan 10 millones de personas. Entre 1985 y 2015, pasó de tener 622 villas a 982 con un 59% de aumento, también en zonas de Ciudad de Buenos Aires como son ciertos conglomerados en Lugano, Villa Soldati, Mataderos, Liniers, Riachuelo, Barracas y la Boca.
Pensamos en los conurbanos quizás solo por matemáticas electorales, pero ahí se procesa no solo el mapa del delito y la pobreza sino también las más profundas historias de desamparo y abandono; también de resurrección a través del amor parental.

El lazo entre el conurbano de la Ciudad de Buenos Aires (Zavaleta y 1-11-14) pasando por Puente Alsina representa un verdadero «contrabando hormiga» con una distribución diaria a barriadas del Gran Buenos Aires. Lamentablemente se ha convertido en una empresa rentable como «micro-emprendimiento» familiar el hecho de la distribución de sustancias. Desde el 2017, el Estado ingresó en 19 villas importantes (Itatí que tiene 57 hectáreas, Villa Pora, en Lanús; Costa Esperanza, en San Martín; Libertad, en Almirante Brown; Puerta de Hierro, en Matanza) con obras de infraestructura, destacamentos, gendarmería, salas de medicina, registro de personas y se destruyeron 134 bunkers de drogas en tres años. Pero con esto no basta; es otro dolor el que aflige a miles.

¿QUE QUEDA DE LA VIDA FAMILIAR?
¿Qué observamos ahí? Solo se habla de las mafias instaladas en esas zonas y eso es cierto y máxime si los medios de comunicación lo tienen como un tema de agenda permanente. Pero esto es solo una parte de la realidad.

Me voy a referir a dos temas que son el eje de la estructuración de lo humano: la caída de la familia como vínculo por excelencia y la falta de un cuidado de los más jóvenes al contacto con las drogas desde todas las estructuras sociales (desde las pocas familias existentes hasta las estructuras educativas).
Pude tomar contacto con estudios cualitativos de estos territorios y además los atiendo a través del sistema de obras sociales. El problema más recurrente es el consumo de drogas y enfermedades mentales invalidantes -si no se las trata desde sus inicios-. Jóvenes solos sin padre, con una abuela que pide por ellos en alguno de los pocos centros que pueden tomar adicciones severas. Padres también internados, presos o inexistentes. Es casi un calvario de puerta en puerta. En muchos casos nos preguntamos dónde está el padre o alguna figura sustitutiva. Son chicos que crecen solos. Al mismo tiempo, el abuso sexual es un tema recurrente ya sea de padres con hijas, madres con hijos, entre hermanos, de padrastros con hijos de la madre de otros matrimonios. Todo lo contrario a un desarrollo sano.

La base de la vida humana está centrada en una vida familiar en donde la interdicción del incesto es el pasaje a la cultura o sea es la ley en donde se debe encontrar mujer u hombre fuera de la familia. Es la exogamia garante de nuestra autonomía. En estos grupos prima la endogamia que es el eje de todas las perversiones y de muchas enfermedades.
Encontramos padrastros que abusan de sus hijastras, con cambios de parejas recurrentes y con relaciones sexuales delante de los menores. La violación entre hermanos se da también ahí, especialmente de los mayores sobre las menores.

EL VERDADERO «DEFAULT»
De todo esto no hablamos y es la base de la vida. La familia parece ser el único lugar donde se da «»la gratuidad y nos reconocen por lo que somos y no por lo que tenemos»» (San Juan Pablo II).
Esto parece evaporarse en nuestro país. Recordemos finalmente a un grande de la filosofía francesa Gabriel Marcel, cuando dice: «»hay un lazo nupcial entre el hombre y la vida y es en la familia donde ese pacto se encarna; el acto constitutivo de la familia no es la cópula, no es algo para un instante, es para durar»» («La decadencia de la sabiduría»).

La crisis de la vida familiar tiene mucho que ver con la esclavitud actual. Es la base del capital social y humano de la sociedad y no solo sus riquezas energéticas y financieras o económicas. La crisis de la vida familiar tiene mucho que ver con la esclavitud actual. Vivimos dentro de un default humanístico.

* Director General Gradiva. Rehabilitación en adicciones

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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