Drogas y nuestro default cultural (III)

POR JUAN ALBERTO YARÍA

29.10.2019

Diálogo entre W. Churchill y D. Winnicott (gran psiquiatra y pediatra) ante la cantidad de chicos solos después de la guerra: «»cuide que tengan familias de adopción ya que es la única forma de proteger a la democracia; sin familia no hay democracia»».
Leyendo estas ideas de Churchill, que con humildad se dirigió a un genio del psicoanálisis como Winnicott y las conclusiones a las cuales llegaron, me surge una gran pena de lo que sucede en nuestro país y que me atrevo a llamar en varias notas el default cultural que vivimos.
Hay temas claves que no aparecen en el discurso social actual. Los que trabajamos en problemas de Salud Mental y adicciones vemos como el fenómeno del consumo epidémico de alcohol y drogas en todas las edades no es tenido en consideración y a la vez vemos como la falta de vínculos familiares deja a miles a la intemperie. Cuesta encontrar un familiar cuando tratamos a un paciente. El depósito es lo que se busca a través de un carnet de Obra Social o prepaga y en muchos casos el aislamiento en un hospicio.
Familia y consumo abusivo de sustancias aparecen fuera del discurso político-social. Las bases del capital de los pueblos desaparecen como temas claves y así el capital social (redes de instituciones que cobijan y alojan a los seres humanos) y el capital humano (vínculos familiares estrechos que permiten el crecimiento desde el cerebro hasta la inteligencia, la empatía y la entrada en sociedad) son temas desconocidos, ignorados, elididos.
Muy por el contrario surge un discurso de crítica a los que atendemos a los sumergidos en la embriaguez y el autoengaño de las sustancias y una crítica a la vida familiar que es el verdadero origen fundacional de un sujeto. 

LA MUERTE DE LA FAMILIA
En los «70, el pensamiento «Post-68» surgido desde el Mayo Francés abogaba por la «Muerte de la familia», libro de Ronald Laing (1927-1999) y Aarón Esterson (1923-199), ya que era un instrumento burgués y clerical aunque fue mal entendido ya que se refería a la familia co-generadora de esquizofrenias. Hoy nuestros pacientes claman por una vida familiar auténtica. Están solos.
Se veía en este enfoque al trastorno mental al servicio de una función política y que el objetivo es controlar socialmente al molesto privándolo de derechos y libertades en función de un interés coercitivo colectivo.
Esto prendió mucho en la sociedad profesional argentina confundiendo al viejo manicomio en vías de desaparecer con cualquier intervención psiquiátrica validada científicamente. Hoy hay centenares de pacientes buscando una cama por 6 o 7 horas en una guardia presos de sus delirios o en sobredosis de sustancias. Esto parecería estar ignorándose en el discurso social.
Sobre esto Laing, tuvo intuiciones geniales con la creación y apoyo a las incipientes comunidades terapéuticas considerando a la curación como una metanoia (proceso de conversión interior que surge de un dialogo terapéutico) para sanar divisiones psíquicas y esto necesita tiempo y que la enfermedad es fruto de una inseguridad ontológica (desamparo y falta de comprensión).
Esto no fue incorporado al discurso dominante hoy en contra de las intervenciones psiquiátricas e incluso Laing hablaba del cuidado y los riesgos del paciente y que había que cuidarlo de las conductas auto-lesivas o destructivas y la necesidad de intervenciones farmacológicas no intrusivas para ayudar a los padecimientos.

LA AUSENCIA DE VINCULOS FAMILIARES
Sin embargo, el gran problema de hoy es quien educa, la desvinculación como eje de las enfermedades, la falta de apego, la preminencia del desapego, la crisis de los vínculos de contención en las familias y por último el abandono e incluso la entrega criminosa del desamparo o incluso el abuso sexual entre familiares.
En suma la vida familiar ausente o deficitaria y también el apoyo a los propios padres que quedan en la vida de los pacientes desesperanzados por las internaciones cortas y sin un proyecto de terapia que han vivido.
Tenemos pacientes con consumos de sustancias que han tenido 14 o 15 internaciones teniendo apenas 20 o 25 años desde el primer día hasta 15 días. Nada de ellos se pudo tratar. Su historia del padecimientos se ignora.

MALLEA Y NUESTRO DEFAULT
Hablamos de Ortega y Gasset y su análisis de la sociedad argentina y ahora Mallea, que fue un estudioso de la Argentina que entrevió en la década del 30 la decadencia por sobre cual estaba por girar la sociedad argentina, mencionaba a la falta de conciencia; él hablaba de una conciencia en mora: … «»y si somos todavía un pueblo verde, no es porque seamos un pueblo joven sino porque nuestra conciencia está en mora»». Nos cuesta, decía él, tomar conciencia de la realidad.
¿Cómo salir de esta negación o ceguera ante la realidad?. «»Yo no veo remedio, para salirles al paso más que el fruto de una categórica, radical, rotunda movilización de las conciencias; movilización que es maduración»» («Historia de una pasión argentina», Enrique Mallea). Y luego dice: «»lo que estamos es sin fruto verdadero y nuestras ramas de árbol criollo se han echado a expandirse por el falso espacio de una súper-civilización apariencial»». Apariencia, frivolidad, falta de conciencia.
>Es una conciencia en mora, al decir de Mallea, que nos sumerge en la frivolidad intrascendente, en la palabrería vana y vacía que se refleja en los medios de comunicación y por la cual nos identificamos y siempre pensando, infantilmente, que la culpa la tiene otro abstracto y desactivando nuestras propias potencialidades de cambio.

CONCIENCIA FALSEADA
<>EM>Pasamos de ser un país del Primer Mundo en una especie de conciencia falseada, grandiosa y megalómana de la realidad en donde nuestra moneda es más fuerte que el dólar; a ser un país de mutantes y migrantes con una conciencia ruinosa, melancólica y oscura de nuestro destino. Nunca conciencia lúcida. «»Nunca conciencia humilde y por ende verdadera de la realidad»» nos decía el maestro bahiense. Surge en esta ciclotimia la marca de nuestro descrédito fundamental, es nuestro default. Es la piedra de Sísifo que cotidianamente levantamos y se nos cae; ésa es nuestra compulsión. Compulsión a nuestro autoengaño. Así pasamos de una ostentación narcisista a una descalificación permanente del otro desde la melancolía. Esto lo destila el hombre común por la calle, el taximetrista que nos lleva a distintos puntos de la ciudad, los programas radiales y televisivos en donde hay un goce por la descalificación y el exterminio del otro. Un país de desesperados pero que patológicamente no aprende porque quizás no puede escuchar las lecciones de la realidad.
Por fin nos dice en un libro que es casi un llanto por la Argentina que vivimos «»un mundo ficticio que opera en sustitución de otro verdadero; empobrecerse creyendo estar acumulando y enriqueciéndose»».
Así vamos ignorando temas fundamentales y la entrega de carnets de discapacidad cada vez en mayor cantidad a pacientes en deterioro son una muestra del descrédito de la realidad. El problema pasa a otro que es un ente: el Estado.

* Director General de Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Compartir