Drogas y «sociedades paralelas»

POR JUAN ALBERTO YARÍA

02.09.2019

Jorge vivía desde hace años un consumo voraz de cocaína con alcohol. Sus daños neurológicos eran evidentes cuando lo conozco y tuvo que intervenir la Justicia para que iniciara un tratamiento en una comunidad terapéutica con Gradiva. En muchos casos, un Juez es el garante no solo de la libertad de alguien sino de la vida, de lo contrario el cementerio es la estación final.

Me estoy refiriendo a pacientes en estado de dependencia en donde consumir es el «oxígeno» que necesitan para vivir y también para morirse. Por algo Baudelaire refiriéndose a los adictos decía que era la «religión de los desesperados».
En su escala de valores me confesaba que cuando estaba en «carrera» primero estaba el dealer (vendedor de drogas), después su ego y por fin Dios y luego todo lo otro: esposa, hijos, padres, etcétera. El evento central de su vida era el consumir y el poseedor de esa sustancia era para él un hombre superior o sea el dealer que era todo y el todo.

Todos tenemos escalas de valores que dirigen nuestra vida. En Jorge, la trilogía fundante pasaba por quien era el poseedor del «polvo» blanco. Trataba de intimar con él e incluso lo invitaba a su casa. Estar cerca de él era tocar el cielo con las manos. Al final, llegó una servidumbre ya que se convirtió en cobrador de aquellos que no pagaban la dosis. Era un «todoterreno» para lo que mandara su jefe.
Esta es una de las tantas historias de dependientes a sustancias; chicas que comienzan a ser dependientes y alguien les paga un departamento para luego terminar en manos de un dealer para todo uso y al final en una villa siendo rescatada por sus padres luego de 5 años de peregrinar por «los paisajes de la nada como una nadie más».

Son historias de alienación de miles en donde participan: proxenetas, vendedores, prestamistas, entregas criminosas, lugares de consumo, «aguantaderos» VIP o en lugares marginales, venganzas grupales, choque entre grupos por el territorio, violencias vividas en el ultraje para conseguir lo deseado como pócima necesaria y fatal (algunos mueren en el intento), hacer «pasamanos» para conseguir la dosis, etcétera.

El consumidor dependiente vive una triple decadencia de su plenitud:

A) Su sistema nervioso se deteriora y lo cortical (corteza cerebral superior) queda en suspenso ante la urgencia de los mecanismos sub-corticales (zonas de los impulsos y las agresiones más simiescas).
B) Su personalidad pierde toda libertad (la adicción es una patología de la libertad) y queda sometida a ser objeto del otro que se convierte en un amo de su vida y de su muerte.

C) Su socialización queda absolutamente deteriorada formando parte de complicidades y de estructuras que lo van ilegalizando. De ahí que pensé que a medida que el paciente se va complicando en una dependencia a las sustancias culmina formando parte de «sociedades paralelas».

Las sociedades paralelas son parte del «para-mundo» que forma la adicción en donde lo alucinatorio convive con un «sub-mundo» paralelo de personas que comparten soledades en donde el autismo reina y las complicidades son eje de todo y las traiciones se pagan.

SOCIEDADES PARALELAS
Tienen una fuerte identidad de puertas para adentro con gran control social entre ellos y con coacción psíquica e incluso física y también una marcada delimitación con relación al mundo exterior y con un propio sistema de normas y valores.
La última etapa de las sociedades paralelas en las adicciones sería la configuración de «guetos». El «gueto» en la definición de H. Marcuse es resultado de una imposición externa que implica el aislamiento total de los sujetos. En las drogas hay distintos «guetos» que surgen por imposición de la propia dinámica del consumo dependiente ya que ahí consiguen sustancias y participan de los intercambios necesarios.
La propia voracidad del consumo conlleva a un alejamiento de la realidad y a una vivencia paranoica que los va marginando aún más agrupando a miles en espacios reducidos (casas como «aguantaderos», barrios enteros de consumidores en «guetos» lujosos o en villas de emergencia precarias, esquinas como «paradas», «barras bravas» con varios sistemas de intercambio desde presiones a otros grupos o para atacar determinadas posiciones en el territorio a poseer).

DROGAS: UN PROBLEMA DE SALUD PUBLICA
Esta parece ser la otra cara de la epidemia con una curva de crecimiento en los últimos 15 años según la CICAD-OEA en la Argentina, con alto consumo de alcohol en escuelas secundarias (50% de la población) superando en un 10% a la población americana. Con el aumento de consumo de cocaína que nos iguala con Uruguay que, habiendo liberado la marihuana, incrementó todos los índices de consumo y somos con ellos los líderes en América latina y muy cerca de los Estados Unidos que lidera en todo el continente americano (Fuente CICAD-OEA) y con el aumento de enfermedades infecto-contagiosas como la sífilis, esto muy ligado al uso de drogas limitándose los cuidados de la salud al bajar las inhibiciones.
Las edades de iniciación al consumo se dan en la pubertad y en la adolescencia o sea en plena inmadurez del sistema nervioso y de la personalidad que trata de consolidar una identidad, lo cual los hace a estos más vulnerables y resienten desde temprano su desarrollo.

Durante muchos años solo discutimos la legalización o no de las drogas que dañan la salud pública o la despenalización o no de las mismas. Discusión baladí en estos momentos en donde ya se desató la epidemia: alerta temprana a padres y jóvenes, detección precoz de esta enfermedad y sistemas de atención lo más cercanos al territorio donde viven el paciente y su familias.

Desde hace casi diez años se han ido reduciendo la capacidad instalada y la baja de residencias de atención y máxime en plena epidemia. Muchos se enferman por ignorancia lamentablemente y aumentan las «sociedades paralelas» como fenómeno asociado a la masividad del consumo de estupefacientes.
Los buenos resultados de Portugal no se deben al marco legal en donde se ha despenalizado pero no legalizado sino al sistema de Salud Pública que se ha instaurado en donde los tratamientos son obligatorios con seguimientos de Juntas Médicas, y equipos de juristas y psicólogos. El Zar antidroga cree que el éxito está en la prevención integral y los tratamientos bien reglados.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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