Necesitamos el temple de la espera… pero en compañía

Necesitamos el temple de la espera… pero en compañía

  • POR JUAN ALBERTO YARÍA
  • 06.04.2020

“…Cómo conseguís hacer películas a los 88 años le pregunta un amigo al gran artista Clint Eastwood y éste le responde “…¡¡no dejo entrar al viejo!!”.

Canto a la esperanza en tiempos de desesperanza. Narra Eastwood en unos escritos como a los 38 años se sentía viejo -o sea hace 50 años- y creía que su vida ya no tenia sentido y ahí su amiga Jane Fonda le dijo que conociera a uno de los más grandes terapeutas del siglo XX Wilfred Bion. Surgió así de su conocimiento y de su análisis un joven vigoroso que sigue deleitando con su arte. Ortega y Gasset nos enseñaba “quien tiene vocación, misión y proyecto vive”. El hombre para él era futurizo.

Así creo que debemos sentirnos los que tenemos que conducir a los que necesitamos brindar un servicio frente a la peste. Muchos terapeutas que conozco están encerrados en su casa más temerosos que los propios pacientes, incluso a alguno de ellos les dije que se quedaran en su casa ´porque no podían brindar un servicio a aquellos que en cuarentena vivían una abstinencia de drogas y de contactos familiares en un centro de rehabilitación como Gradiva.

El maestro Blejer, un grande en la formación de analistas enseñaba lo que era la disciación instrumental: debíamos vivir el dolor del otro, pero al mismo tiempo tener nuestro propio tesoro para devolver un sentido, una esperanza, un decir que lo libere de sus ataduras. 

Una de las pacientes más graves que conocí la vi y trate en esta cuarentena y recordó el momento que la visite hace 5 años en un centro en donde ya nadie creía en sus posibilidades,tenía sus brazos cortados y éstos eran huellas de dolor, pero recordó mi mirada y que yo llevaba un libro de Víctor Frankl “El hombre en busca de sentido”. Me confesó que lo leyó 3 veces ya y ese encuentro conmigo fue inolvidable. Hoy es una literata con su profesora y se recupera de daños infantiles muy serios. Le quedó mi mirada de apoyo y ese libro que era toda una metáfora de la rehabilitación. 

Sentido vital

El libro de Víctor Frankl era en si un canto a la esperanza y ella lo percibió. Un hombre solo que salía de un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial, se había quedado sin familia y fue uno de los más grandes psiquiatras del siglo XX. Había vivido la peste de la Guerra y escribió sobre el proyecto humano, encontrar un sentido a la vida, desterrar el odio y encontrarse con el prójimo; en fin, un sabio.

En tiempos de cuarentena con los pacientes y con nosotros, también como pacientes, debemos manejar el miedo (algo real), la ansiedad (intento de adelantar un tiempo que es incierto) y la angustia que es una ansiedad que nos angosta la vida (aprieta el pecho y desata fenómenos psicosomáticos e insomnio) y nos paraliza con pensamientos que llaman al pánico. Miedo, angustia, ansiedad y pánico están presentes y la llamada al pánico es un dato relevante entre “mensajeros de noticias” en donde el “goce sádico” en el manejo de las imágenes y noticias se hace ya perverso. Controlar esto y desde el miedo manejar una conducta vital; atemperando la ansie dad, la angustia, la llamada al pánico y la locura de las noticias es toda una tarea en pacientes que están en cuarentena dentro de una rehabilitación.

La actitud serena de los terapeutas permite aquello que nos lleva al día a día que es todo lo contrario al intento de manejar un futuro incierto y más en tiempos de peste.  “Ocúpate del día a día que el mañana viene solo”; así el que vive la cuarentena entiende que es solo ese sector del día a día, hora a hora, minuto a minuto el que nos pertenece con nuestra responsabilidad que en tiempos de carrera adictiva se había roto.

Además, recuperar el logro de lo que se está realizando ya que los invitamos a reflexionar como estaban antes de este momento y así aparecen escenas de violencia y suicidio que se vivieron con las sustancias y entonces usamos la imagen del espejo retrovisor:” miremos de dónde venimos para saber adónde ir”. Con esto unimos tres líneas temporales claves: el pasado unido habitualmente a riesgos y el presente que es un edificar un futuro y un sentido.

La espera y la esperanza

En momentos en que como en el mito de Prometeo se abre la caja de Pandora y se abren todos los males: pestes, guerras, muertes raras, etc. Al final dice el Mito queda la elpis que no es la esperanza sino la capacidad de espera que es la posibilidad de edificar desde ahí una esperanza. El que está en una sala de espera -tomando la metáfora médica-va identificando una esperanza. Es también el otro (medico-terapeutaoperador) o sea nosotros que tenemos el deber de devolver una apertura a lo que el pánico y la angustia angostó. Solo “estar ahí ya es todo”. Cuando alguien sufre “estar ahí” es un gran servicio, acompañar aun sin palabras. Escuchar incluso los silencios.

El gran maestro español de la Medicina y la Antropología Medica Pedro Laín Entralgo a quien tuve el honor de conocer decía en su libro Antropología de la esperanza:

“… ¿Acaso no es el enfermo un hombre al que su cuerpo impide esperar con normalidad, acaso no es en consecuencia el médico un dispensador de esperanza?”.

Son tiempos de esperar, no desesperar y devolver esperanza. A fines de la Segunda Guerra, con campos de concentración y millones de muertos surgieron profetas de la desesperanza, pero también gente como Frankl, Ortega y Gasset, G. Marcel, Levinas, etc., etc.; apostaron a la esperanza.

Este es un tiempo de suspenso y de incertidumbre, pero como nos enseñó Hegel “el filosofar como pensar sobre el sentido es como el Búho de Minerva que sale a volar al anochecer”. Cuando el fenómeno de la peste amaine, cuando el corona virus en pleno desarrollo decaiga.

La desesperanza es la tentación en donde nuestra intimidad se retrae y aparece el nihilismo como una única probabilidad, la nada misma como agujero de la vida, no hay porvenir. Necesitamos el temple de la espera …pero en compañía y es por eso que más que nunca en la cuarentena de las personas en rehabilitación la actividad grupal es fundamental, así como las entrevistas virtuales y el acompañamiento a los familiares que están en sus casas.

Las escenas de la cuarentena son varias desde el paciente que teme morirse ahogado (¿quién no en este momento?) por la neumonía bilateral, escuchar y acoger esa ansiedady tratar de devolverle una cierta racionalidad con la compañía del grupo y de los profesionales que la ayudarán resulta ser fundamental. Ella es una mujer que está sola, pero tiene una hija como futuro y meta en la vida y superando atroces momentos en su vida adictiva. La hija y el grupo, así como sus propias reservas le permiten respirar (vida misma) y avizorar un futuro. Reconoce que ahora vive (respira) y antes se ahogaba en sus conductas autodestructivas.

Hay pacientes en abstinencia a quienes los dealers los llaman en sus sueños y les dicen qué hace ahí en un centro de rehabilitación. Lucha contra su adicción, lo dice y le digo que todo sueño es de alguna manera una elaboración, una digestión de aspectos de su vida. Me reconoce que en otros momentos estaría metida en un aguantadero consumiendo y lo que está haciendo vale la pena. Devolver sentido al esfuerzo que se realiza que es de alguna manera el que tiene que hacer toda persona para dignificarse y crecer.

Sacrificios humanos

Mientras en los supuestos países desarrollados como Holanda se sacrifica viejos (dicho a veces en casi tono despectivo) incluso como lo muestra en un maravilloso trabajo el Dr. Manfroni, publicado en un matutino, en Holanda se promueve una pastilla para que se mueran (es señal de progresismo la eutanasia parece) nosotros creemos que cuidar al adicto post-50 con varios daños por el consumo de drogas es un mandato ético. El anciano es el patrimonio de una experiencia y de una transmisión de saber como lo muestra Eastwood.

Otros sufren afuera. No tienen lugar en centros de rehabilitación y son para mi un problema serio de salud pública. Se embriagan, se meten en villas en donde también escasea la sustancia. Paradójicamente estar internado es estar protegido cuando durante años se bastardeó la tarea de los centros de rehabilitación. Algunos que no encontraron lugar se suicidaron o vagan buscando pócimas letales.

Los traficantes sufren, pero de otra manera, ya que no tienen como vender la pócima letal y tampoco le llega la producción. Lo que tienen lo hacen valer y utilizan distintos deliveries. Esta es otra cuarentena la de los que no pueden distribuir lo que daña. Vocación misión y proyecto en el decir de Ortega; “no dejar entrar al viejo” en el decir de Eastwood; para mi es importante reflotar esto en tiempos de epidemia y cuidarnos que es la tarea que en el mito de Higinio nos reservaban los dioses; somos del “Dios de la Cura”, a él le pertenecemos y cura significa , nada más y nada menos que “cuidar la vida”; esa es nuestra misión.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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