Una cultura que propicia la gerontofobia

Una cultura que propicia la gerontofobia

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“…encerrar a nuestros mayores para volver a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral…” (Angela Merkel quizás la líder democrática más lucida del siglo XXI).

Mi tarea hoy se centra en la atención de pacientes en adicciones en situación de cuarentena (fundamentalmente jóvenes) y también a personas adultas pot-50 (mayoritariamente solas) que han consumido drogas y alcohol. A estos los sostiene solo un carnet de obra social y/o prepaga y un carnet de discapacidad ante la ausencia o rechazo de los familiares. Es así la ausencia y el rechazo de los familiares. 

Nuestra sociedad fue generando así una gerontofobia que se ha extendido como virus social. Es, este, un paso cualitativo peligrosísimo.

Cuando el Gobierno de la Ciudad habla de más de 650.000 adultos post-60 solos esta pintando una realidad en donde el desamparo de los “viejos”, expresión utilizada por muchos peyorativamente, es una realidad. Muchos no tienen un circulo de contactos. Sus problemas familiares, los problemas psiquiátricos y alteraciones de la propia sociedad los ha llevado a la soledad de los condenados. 

Hay una gerontofobia en la sociedad que decreta que después de una determinada edad parecen ser ya descartables. La gerontofobia se basa en una idealización de la juventud, pero también denota una pauta sociológica: el declive de la vida familiar en donde de en las puntas del arco demográfico aparecen “chicos solos “y “tercera edad” solos. Para algunas personas de simpleza superlativa los seres humanos se vuelven idiotas según cumplen años; salvo que sean ricos y poderosos. Soplar las velitas implica-para algunos-el Alzheimer. Cumplir años no es sinónimo de senilidad.

El declive de la vida familiar parece ser vivido por ciertos sectores culturales como una conquista ya que esa gerontocracia, otra vez los viejos productos de la sociedad patriarcal parecen ser los culpables de todo lo que sucede. Además, gastan fondos de pensiones que cada vez están más vacíos por las políticas anti-natalidad que la propia cultura con sus mandatos promueve. A menos hijos menos aportantes, entonces, para qué sirven estos viejos. En una sociedad dineraria como esta ya parecen sobrar. 

El viejo (ya no peyorativamente) en las culturas que avanzan y avanzaron en el mundo es el patrimonio de la palabra, la tradición, la experiencia y de relación entre generaciones. Hegel decía en el discurso de Jena: “la cultura es solo aquello que transcurre entre abuelos, padres e hijos”. 

La gerontocracia criticada como producto de una sociedad patriarcal culmina en una gerontofobia y al final en un gerontocidio. No solo en las guardias de terapia intensiva se elige en un “triaje” a quien salvar; los viejos aparte. Esta parece ser una conducta cultural de nuestra sociedad. Por lo menos así lo vemos en la tarea clínica con post-50.


QUE NOS PASA EN LA CUARENTENA

“…en vez de mirar mis cigarrillos ahora alzo los ojos y veo …confío en Uds. Puedo aprender de este tratamiento, los grupos me abren la mente …” (paciente que luego de varias internaciones psiquiátricas se está reencontrando en una comunidad terapéutica junto a la cuarentena)

Hablaré no solo como terapeuta director de un Centro sino también como parte de esa gerontocracia-gerontofobia y que al final asiste a un gerontocidio. Estoy vital, me cuido y tengo una responsabilidad ante muchas familias que han dejado sus hijos al cuidado y la protección ante los males sociales derivados del consumo de drogas. Me cuido en mi vida personal y voy al Centro con los máximos cuidados posibles y recomendados. 
 
Mi tarea es apoyar al personal que da la cara, pone su cuerpo y su alma en la tarea de la rehabilitación desde el médico, los psicólogos, los operadores, la recepcionista, las enfermeras, el personal administrativo. Ahí aprendí que hay verdaderos héroes que contienen, apoyan a los pacientes. Los admiro y ellos también necesitan que las autoridades estén cerca. Somos una gran familia para atender a personas con problemas de adicciones.

En cuarentena se sufre mucho y también se iluminan muchas personas como esa paciente que me escribió una carta desde su cuarentena y que, por primera vez, luego de muchas internaciones, empieza a tener esperanzas.

Angustia y descubrimiento van de la mano. El personal que está con ellos debe por un lado contener esa angustia, pero también despertar ese descubrimiento de que una nueva vida es posible.

El paciente se siente en un lugar protegido. Hay muchos que están afuera y que por razones de la cuarentena no pueden hacer un tratamiento. Hay miles vagando por los centros urbanos con una botella de alcohol o buscando “migajas” de los retazos de droga que se ofrecen.

Lamentablemente la limitación de apoyos sociales hace que muchas obras sociales hayan cancelado la atención de estos pacientes ya que declinan los aportes y en el “triaje” que se realiza como sucede con la tercera edad a las adicciones se las deja afuera o directamente no hay servicio económico para ese grupo de problemáticas. Es muy triste observar esto. Los gastos van para otro lado. 
 

Tercera Edad y adicciones son parte del “triaje” (como en las guerras). Quizás debamos recordar que la selección de la especie que formuló Charles Darwin no implicaba la desaparición de los más incapaces o no en el sentido que a veces se toma. Decía, de hecho, que el animal que sobrevive no es el más fuerte, ni el más listo, ni el más rápido, sino el que mejor se adapta.

En los que están afuera del sistema sin atención hay un aumento del consumo de cerveza y alcohol en general, abuso de video-juegos, juegos on-line, abuso de psicofármacos ante la falta de marihuana en el mercado, y de otras sustancias. Hay cuadros psicológicos, psiquiátricos y comportamentales como las depresiones, algunas muy severas, trastornos psicóticos y las adicciones que exigen una atención específica.

También los adictos son potencialmente de riesgo ya que su sistema pulmonar, cardiaco y el EPOC como el asma son patologías que se dan junto con el uso de marihuana, tabaco, cocaína y otras drogas. Son una población vulnerable además del daño a su sistema inmunológico. 

Otra vez el corona virus nos muestra la crisis de las pautas culturales dominantes: aceptación social del consumo de drogas y banalización de daños junto a políticas antinatalistas, ignorancia del declive de la vida familiar y una eutanasia social que vigilantemente se trata de desarrollar. Recordemos lo que pasa en Holanda.

Por otro lado, vemos un mayor riesgo de recaídas en pacientes que estaban en tratamiento y lo tuvieron que interrumpir. Basta recordar que la adicción es una enfermedad recidivante con un importante componente emocional, con un distorsionado manejo de emociones pues les suele costar “sentir”, y se orientan a consumir para manejar esa emoción incómoda, mitigarla o amortiguarla.

El confinamiento obligado y necesario para la contención de los contagios supone una situación potencialmente crítica para que todas las personas puedan tener algún malestar. Quienes en el presente o en el pasado reciente tuvieron o tienen una situación de emociones disfuncionales o traumatizantes pueden volver a consumos inapropiados. Esto lleva a conductas compulsivas, impulsivas y/o adictivas. El malestar, a su vez, puede ser de hiperactivación o de hipo activación. Una y otra pueden llevar a consecuencias propias de cualquier dependencia. 

LA SALUD MENTAL DE NOSOTROS

Cuidar a los que cuidan es una tarea fundamental. El alto stress que vivimos es una puerta abierta a todas las enfermedades. El análisis personal es fundamental; todavía lo realizo a mis años. Estudios en Gran Bretaña ((J. Firth-Cozens) mostraron que el 30 % de los médicos (estudio sobre 300) sufrió problemas de alcoholismo y depresión.

El cansancio, la relación con otros colegas y la falta de una cultura organizacional fueron los elementos claves como precipitantes de estas patologías de los profesionales (hermoso trabajo de Dr. Pablo Ríos -psiquiatra).

El corona-virus hiperestimula el estrés en cada uno de nosotros y las organizaciones y su estructura de contención a los profesionales resulta clave.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

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