“Hoy me encuentro luchando para poder desprenderme de esa compañera de años, la cocaína”. (`Carta del adiós’, poema de un paciente en recuperación)

  • POR JUAN ALBERTO YARÍA
  • 01.05.2022

Las historias de vida de los consumidores marcan nuestras reflexiones. Es decir, la clínica de todos los días manda. El mundo mediático se vio alterado la semana pasada con el lema de un folleto de una campaña pública del Municipio de Morón: `Consuma con cuidado’. Mientras que otra gran parte de la población pensó: `Cuidado con el consumo’. Unos dicen: “Buscamos la reducción de daños”; otros dicen: “El daño es ya consumir y máxime cuando las estructuras mentales y nerviosas están en evolución e inmaduras como en la niñez, la adolescencia y la juventud”. No olvidemos que las estructuras más evolucionadas de control de impulsos y del pensamiento (lóbulo prefrontal) culminan a los 25 años aproximadamente.­

A menor edad de contacto con las drogas, el alcohol y el tabaco más posibilidad que los centros de recompensa del cerebro (sistema del placer) queden hipotecados (cerebros `domados’) y sometidos a la repetición del acto de consumir pasando por el desfiladero de la abstinencia con angustia si no lo hace.­

Tres elementos se conectan con el consumo de drogas: Drogas como agente químico (incluyo al alcohol y a la nicotina). La potencia de producción de los principios psicoactivos es cada vez mayor, así como el número de sustancias a la venta y su distribución; un ejemplo es Colombia que luego de los publicitados Acuerdos de Paz, aun en contra de lo que opinó la población en un referéndum que veía en eso una trampa, duplicó la producción de cocaína.­

En nuestro país, por ejemplo, el último Informe Mundial sobre Drogas 2019 (Unodc – ONU) confirma que la prevalencia del consumo de cocaína aumentó el 129 por ciento, en comparación al registro de 2011. Es el país de la región con mayor incremento y con las tasas de consumo más elevadas. A nivel mundial, solo es superada por Montenegro y Albania. Algo similar ocurrió con el cannabis, cuyo aumento fue del 154 por ciento.­

Sujeto: los elementos como la edad (a menor edad de contacto, mayor será la posibilidad de un consumo crónico), los conflictos, los abandonos, los abusos, las familias en crisis o inexistentes, coayudan hacia un consumo que permita la huida de la angustia y lleve a las personas a un daño mayor.­

Contexto: acá, la clave es la cultura, la educación, la prevención social, la familia o los restos de familia que tienen las personas, el deporte, etc. Esto es fundamental. Frente a la cultura de la aceptación social basada en un neuro-marketing con vías publicitarias diversas, solo una cultura de la prevención ayuda a frenar y a reducir la prevalencia del consumo. Para ello hace falta la movilización de la sociedad en todos sus estamentos y la creación de redes de asistencia profesionales. Esto es lo que llevaría a generar una `inmunología social preventiva’ frente al deterioro progresivo existente hoy.­

De lo contrario surgirá una cultura anémica, sobornada y extorsionada por un gran poder económico y de mafias, que es un Estado en sí mismo (ver Rosario, por ejemplo, que durante 30 años pregonó el `consumo cuidado’ y eso llevó a aumentar la cantidad de consumidores). Ahí, en esa ciudad, se minimizó y cercenó toda política preventiva, los programas de asistencia solo servían para `medicalizar’ a los pacientes, o sea tratamientos centrados en las crisis por intoxicación, como meros `lavaderos’ o tintorerías para luego seguir consumiendo. La plusvalía se basa en producir consumidores-clientes-pacientes y así se edifica el genocidio silencioso y la eutanasia social.­

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EL DOMINIO DE LOS BARRIOS­

Vastas organizaciones de venta de sustancias van planificando la dominación de territorios -Rosario es un ejemplo- en donde quedan asimilados y `envasados’ miles de `pacientes-clientes’ que acuden presurosamente a buscar su `pócima’ de masoquismo de una manera imperativa y necesaria.­

Oscar recibe las drogas por encomienda luego de un pedido por internet. Me sorprendo al ver la variedad de sustancias que recibe cuando desde un ignoto lugar de Santa Fe, con un remitente claramente mentiroso, llega una piedra de cocaína, tranquilizantes, fentanilo (opioide), algo de marihuana, viagra y hasta un calmante de síntomas estomacales y aspirinas. Me llama la atención ver eso en la casa de este ingeniero totalmente poseído por ese nuevo poder que emerge de la criminalidad organizada asociada al vacío de la subjetividad (demenciación progresiva).­

Leo, por otro lado, es un `soldadito’ que en sus 14 años vive entre un padre permisivo y un hermano consumidor. El jefe del barrio lo utiliza para distintos menesteres; desde marchas políticas hasta la participación en `barras bravas’. Todo sirve y un dinero siempre hay, así como un plato blanco, que no es precisamente harina. Alienación desde los 14. Un revolver, una moto robada y plantas de marihuana, también robadas, lo llevan a la comunidad terapéutica. Tendrá que entender que la vida no pasa por ese padre permisivo ni por el patrón del barrio que maneja todos los hilos del poder, incluso políticos. ¿Podrá comprender que la vida pasa por otro destino? Cultura en crisis. Dejó de estudiar dejó; aprender un oficio parece no tener sentido si se consigue dinero por otro lado. Estamos generando multitud de patologías antisociales y de `nadies’. ¿Nos daremos cuenta?­

TIEMPOS DE RELATIVISMO­

En tiempos de vacío y de relativismo la venta se maquilla con un marketing de prestigio de las sustancias, apuntan a la `luna de miel’ que se promete desde los primeros contactos. Todo suma: vacío cultural, relativismo ético, palabras inaudibles de la familia -que en muchos casos no existe o está fragmentada-, y una escuela debilitada que no proporciona modelos de vida. ¿Se puede vivir sin modelos? Dónde estarán los valores que galvanizarán nuestras acciones ¿Es la `muerte de Dios’ que predijo Nietzsche en el siglo XIX? Se refería a la muerte de los valores como tractores de nuestra conducta. Si no hay valores en la vida, manda el caos y el cosmos -orden- cae. Todo el pensamiento antiguo se centró en cómo dominar lo caótico para que aparezca el orden en nuestras vidas.­

Internet es la aliada de este nuevo poder transnacional con sedes en barrios donde la miseria y el abandono reinan y en lujosos paraísos fiscales. Participan desde el `soldadito’ hasta el poderoso corrompido. La parafernalia de las drogas apela a químicos que año a año generan nuevas mezclas genéticas de plantas o nuevas drogas sintéticas (hay ya 600 variedades de estas).­

En los shoppings que se venden plantas de marihuana hay de distintos tipos, con potencias diversas. Total, el cerebro se convierte en el campo de experimentación y mortificación. Además, en este nuevo momento histórico de `desierto’ de los valores, nos preguntamos si para los consumidores inveterados existirá el cerebro.­

¿Alguien les transmitió que las drogas hacen daño? Me temo que no. Parecería existir un nihilismo que nos inunda a todos en el que la recompensa inmediata sirve para salir del desierto y buscar, aunque sea por un instante, un oasis imaginario. ­

Palabras inaudibles de los adultos padres y maestros. Caída del valor de la transmisión de la palabra y de las experiencias y conocimientos de vida. Deserción de los adultos. El vacío de ser se transforma en una existencia dura y genera un gran malestar en ese desierto que es la vida misma. En el `desierto’ nada germina. Se busca un artificio para soportar el peso de la vida ante el sol asfixiante del sufrimiento existencial: las drogas.­

Muchos se frotan las manos. El nuevo poder supera a los Estados. El Estado es pequeño ante la magnitud de esta globalización del malestar y es, a su vez, demasiado grande para estar cerca de los dolores de la gente.­

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Por JuanYaria

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