“¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué esperamos? ¿Qué nos espera? Si esto ya no importa más el `nuevo clero anglosajón’ del pensamiento habrá triunfado. Eso sí: si esto ocurre, será el fin de la humanidad”. (La filosofía se ha vuelto loca’, de J.F. Braunstein)

  • POR JUAN ALBERTO YARÍA
  • 29.05.2022

La consulta clínica es la maestra de nuestras reflexiones; luego los medios se ocupan de pintar un mínimo cuadro de lo que sucede. Jorge les roba a sus padres sus ahorros; su voracidad de cocaína iniciada con consumo de marihuana lo lleva a conectarse con un grupo de narcos que lo manipula, soborna y le inocula miedo. Anabela es sometida por un grupo que, con drogas, la veja, la viola e incluso planea venderla. Su familia la rescata. Un joven vaga varios meses por plazas, con un grupo, viviendo de la limosna hasta que cae en un tratamiento. Así, siguen los padecimientos, con necesidades imperiosas que la escasez de centros asistenciales, por la gravedad de los síntomas, no alcanza a resolver. Y así podemos seguir.­

Figuras públicas caen en delito presunto o en situaciones críticas de consumo en salas de terapia intensiva y deben ser contenidos con presencia de personal de seguridad por lo peligroso de la excitación psicomotriz. Podemos continuar con bandas narcos que manejan como un Estado superior a nuestro Estado mismo, casi fallido, a zonas del país como CABA, el conurbano, Santa Fe, etc.­

Las drogas son la `frutilla del postre’ en esta ecuación mortífera. El agente químico está en oferta libre (para que hablar de legalización si ya está en todos los anaqueles). El presidente Lacalle Pou se arrepintió de la promulgación de la ley que permitió el uso de marihuana con producción estatal. Además, los narcos la venden más barata y con mayor poder psicoactivo y adictivo, incluso llegó a estar en el primer lugar de Latinoamérica el consumo de cocaína. El cerebro no distingue entre drogas una vez que la persona se ha vuelto dependiente. Lacalle Pou se dio cuenta de la contradicción de anteriores administraciones. ¿Cómo un Estado puede distribuir algo que daña? Además, confesó en un reportaje de la BBC de esta semana que está muy presionado por el narcotráfico.­

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CULTURA PROMOTORA DEL CONSUMO­

Pero es la cultura lo que importa, no solo la sobreoferta de sustancias que supera la capacidad de los Estados. Prevenir, no; ataca al pensamiento imperante de la corrección política. Se puede enseñar en las escuelas políticas de género. Pero prevenir el consumo de sustancias que dañan, no. Ataca esto al pensamiento políticamente correcto. Nadie dice nada porque los discursos de cancelación son temidos. Detección precoz de los consumos, no. La corrección política llama a defender el derecho a consumir, libertad de consumir, aunque dañe; no tiene vigencia el derecho a la salud y a la libertad. Es la libertad a ser esclavos lo que se propone en el pensamiento políticamente correcto.­

Esto no es típicamente argentino. Hoy caminar por las calles de Nueva York, Colorado, San Francisco y otras ciudades con consumos libres de sustancias. Es ver cadenas de `zombies’ y `nadies’ vagando por las calles.­

Ya George Orwell, autor de su célebre libro `1984′, nos dejó las claves para entender el imperio de la corrección política, pero también para defendernos del mismo. El corazón del totalitarismo, dice Orwell, es la mentira institucionalizada. Hay que aprender a decir que 2 + 2 = 5 y a no resistirse en nombre de la realidad, que no es sino un residuo prerrevolucionario condenado por el sentido de la historia. Hay que cambiar, en un mundo donde solo cuentan la ideología y sus recetas. Cuando eso sucede, el hombre queda íntegramente reacondicionado y acepta someterse a las evoluciones de la ideología, sean las que sean.­

El pensamiento político correcto -según Orwell- instaura un mundo paralelo invertido y obliga a quienes lo padecen a prestar lealtad. Es un régimen de vigilancia en donde hay que destruir las condiciones mentales de una posible disidencia, lo que implica además controlar el pasado para evitar que se convierta en un recurso simbólico contra el régimen cultural dominante.­

La tentación totalitaria en marcha pretende hoy arrancarnos de la vieja civilización occidental y convertirnos a la fuerza en la utopía de la diversidad, que dará a luz al nuevo hombre nuevo, sin raíces ni sexo, sin naturaleza ni cultura, sin padres ni hijos y perfectamente maleable, según los métodos de la ingeniería identitaria. La realidad queda sustituida totalmente por la ideología; hay que aprender a no ver lo que vemos con un Gran hermano que todo lo domina. Para todo esto es necesario crear una neo-lengua en donde se deben eliminar todos los residuos del pensamiento antiguo, los clásicos, por ejemplo, Shakespeare, o ahora en España el Quijote.­

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`LA FILOSOFIA SE HA VUELTO LOCA’­

Título de un `best seller’ europeo escrito por Jean François Braunstein, con el subtítulo: “un ensayo sobre lo políticamente incorrecto”. Parte del concepto de la existencia de una revolución antropológica en desarrollo cuyas consecuencias empiezan a notarse en el mundo real. Teoría de género, derechos del animal y entusiasmo por la eutanasia beben de la misma fuente de amor, benevolencia universal, de esquivar el dolor y lo trágico. Sin embargo, hemos visto que estos buenos sentimientos conducen a las peores aberraciones.­

El uso libre de drogas es el corazón de esta `ensalada’ de ideas que tienen su centro y referencia en determinados profesores y centros universitarios anglosajones: Judith Butler, en Berkeley; John Money, en John Hopkins; Peter Singer, en Princeton; Donna Haraway, en la Universidad de Santa Cruz (California), etc. Esto está llegando a nuestras tierras.­

Si el género no tiene que ver con el sexo por qué no cambiarlo todas las mañanas ¿si el cuerpo está a disposición de nuestra conciencia, por qué no modificarlo ad infinitum? Si ya no hay diferencias entre animales y humanos ¿por qué no tener relaciones sexuales recíprocamente satisfactorias? ¿por qué no llevar a cabo experimentos médicos con humanos en coma antes que con animales pletóricos de salud? Si se elige interrumpir las vidas indignas de vivirse ¿por qué no acabar con niños defectuosos o no deseados? ¿Y por qué no cambiar de paso el criterio de la muerte y nacionalizar los cadáveres para poder extraer órganos en buen estado en provecho de vivos más prometedores?­

Amputo-manía, zoofilia, eugenesia son solo una pequeña muestra de las preguntas que la gente se hace cuando se borra la definición de sexo, y del cuerpo, cuando se borra la frontera entre el hombre y el animal, cuando se admite que no todas las vidas tienen el mismo valor.­

Estos son temas de la reflexión anglosajona contemporánea. Las respuestas de estos filósofos son de lo más absurdas: Money propone que podamos amputarnos tal o cual miembro con el cual estamos insatisfechos. Haraway describe emocionada los besos profundos que se dan ella y su perra para borrar las barreras de especie. El muy influyente teórico de la liberación animal, Singer, no ve por qué no podríamos tener relaciones sexuales recíprocamente satisfactorias con animales siempre y cuando no los tratemos con brutalidad. El propio Peter Singer preconiza regularmente el infanticidio como como corolario de su compromiso con la eutanasia.­

Pediatras estadounidenses denuncian las consecuencias destructivas de la moda `transgenerista’ en los alumnos de escuelas. Psiquiatras y psicoanalistas no son en su inmensa mayoría fervientes adeptos a la teoría de género y rarísimos son los médicos que sostienen sin matices la legalización de la eutanasia.­

Todos ellos constatan los efectos negativos que produce una modificación radical de la definición de lo que es el hombre. P. Muray dice que el `homo festivus’ se niega a dar el paso y afrontar la muerte, que elige siempre el partido de la indistinción, que quiere acabar con la sexualidad y aspira solamente a una cosa, a volver a la animalidad. El lo llama una humanidad reanimalizada: “¿por qué hacer un ángel si se puede rehacer la bestia? Busquemos una humanidad reanimalizada, deshominizada, vuelta a la cultura del redil de la naturaleza, se acabaron las contradicciones, se acabaron los conflictos”.­

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Por JuanYaria

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