“Son épocas de `psicosis social’, es decir, sin delirios ni alucinaciones, se manifiesta por una experiencia de ausencia, de vacío existencial, de insustancialidad anónima con drogas o anorexia”. (`Clínica del vacío’, de Massimo Recalcati).

Jorge queda al nacer en la puerta de un hogar de menores, abandonado, golpeado y herido por sus presuntos padres; ignorado por todos y vacío de amor y contención. Luego de ser cuidado en ese hogar, a los tres años, es adoptado. Los padres adoptivos lo sostienen hasta que estos se separan. Ahí, abruptamente, a los 14 años, desaparece de su casa y vive en varias plazas. La droga es su consuelo ante el vacío y el dolor de otra pérdida. Le pregunto cómo vivía y me responde: “En la plaza, dormía ahí y le pedía comida a los vecinos y comercios; además, éramos muchos los que estábamos igual”. Eran un grupo de `nadies’ que vagaban. Su carrera adictiva se intensifica y ahí aprende a robar y a pedir limosna. Me encuentro con él -ya a los 17 años de edad- luego de la intervención de Juzgados y de la Policía que lo encuentran en una de las tantas plazas que concurría. Rápidamente establece conmigo empatía porque tomo un tema en común: el fútbol y me comenta quiénes son sus ídolos, también me relata que quiere hacer un tratamiento. Su sonrisa me anunciaba que podía aceptar la entrada de otro en su mundo. Su antisocialidad era -pensé- solo una máscara de su falta de apoyos.­

Son épocas de dolor e incluso de dolor no acompañado, de congoja sin consuelo. Consuelo deriva del latín `apoyo o resguardo’. Consolar es apoyar, dar suelo firme al que vive en el vacío de la pena y fundamentalmente de la incertidumbre. El dolor es la “madre de todas las virtudes y de todos los actos heroicos, ya que es un momento de prueba, pero también el dolor no consolado y vivido en soledad es el germen del odio y la venganza para muchos” (Juan Manuel de Prada).­

En Jorge, pensé, se había dado esto: “Dolor no consolado y vivido en soledad como germen del odio y la venganza”. Venganza hacia otros (robando) y hacia sí (drogándose y transformándose en `nadie’, vagando en el mar de la incertidumbre).­

No podemos crecer solos, hasta los animalitos criados en la oscuridad muy pronto pierden toda posibilidad de desarrollo de conexiones entre neuronas. No hay sistema nervioso sin un medio exterior enriquecido por el amor. El amor es el vehículo del reconocimiento. Sin reconocimiento no hay crecimiento. El otro y los otros (padres, maestros, tíos, familia en general, sociedad barrial, vida espiritual, etc.) nos hacen desde su deseo y desde el reconocimiento de nuestra singularidad. Así nacemos a la vida humana.­

­

MALTRATO Y ARQUITECTURA CEREBRAL­

Un último estudio sobre las experiencias infantiles adversas y las consecuencias del trauma para toda la vida (Academia de pediatría de los Estados Unidos) en más de 17 mil ciudadanos estadounidenses de clase media permitió documentar con suficiente claridad que las experiencias infantiles adversas pueden afectar a más del 60 por ciento de los adultos, y contribuir significativamente a efectos negativos en su salud mental y física. Mencionaron las siguientes: abandonos, abuso emocional, abuso físico, abuso sexual (incluso incesto), negligencia emocional, negligencia emocional y/o física, maltrato a la madre, abuso de sustancias en el hogar, enfermedades mentales de los padres, divorcios o separaciones cruentas de los padres, encarcelamiento de alguno de ellos.­

Todos los días nos confrontamos con esto; las drogas y el alcohol son la punta del iceberg de este nudo de traumas, dolores y dolores sin con-suelo (sin el suelo firme que da un otro cariñoso).­

El maltrato infantil altera el desarrollo del cerebro del niño en formas que pueden aumentar su riesgo de consumir drogas y sufrir otros trastornos mentales en la edad adulta. En un estudio patrocinado por el NIDA, los investigadores descubrieron que los adultos jóvenes que habían sido maltratados en la niñez presentaban diferencias en nueve regiones corticales en comparación con quienes no habían sufrido maltrato. Hoy muchos de nuestros pacientes vivieron y viven entre aparatos: chats, cámaras, redes sociales. No hay mirada, ni palabras ni ley que se transmite. Nos parecemos a los animalitos crecidos en la oscuridad.­

El vacío de reconocimientos y de miradas amorosas y de ley transmitida se hace padecimiento y empiezan a aparecer las drogas en escena, con el marco desolador de los narcos copando ese barrio, mientras seguimos con el aparatito de moda y los moribundos en las calles son fotografiados como si fueran de otro planeta. Sobran los `flashes’ y faltan palabras y encuentros.­

­

NUESTRAS REALIDADES­

Vivimos la dolorosa realidad que en la Ciudad de Buenos aires y en la Provincia de Buenos Aires casi el 70 por ciento de los adolescentes consumen alcohol, en el gran Mendoza llega al 73 por ciento. El consumo de marihuana empieza antes de los 14 años bloqueando las capacidades de aprendizaje escolar y es un factor de abandono escolar.­

Los grandes centros urbanos están incubando una cantidad enorme de enfermos crónicos, ya que existe una ley en los que trabajamos en adicciones: a menor edad de contacto con drogas (el alcohol lo es) más posibilidades existen de un consumo problemático y crónico. Esto parecería ser síntoma de situaciones muy serias de ocaso y dimisión de la función de los adultos en la conducción y orientación educativa de los menores. Esto representa un hueco en las funciones normativas y de control. El adolescente parece crecer solo; los padres se quedaron en el `vestuario’ y entonces la vida parece ser un juego sin árbitros, en donde el arbitrio como capricho narcisístico es ley.­

Al no haber acompañamiento en el crecimiento de los chicos aparecen los que llamo `dobles protectores’ que son distintos `padrinos’, como en la saga de la célebre película de Francis Ford Coppola; estos están en las esquinas, en los `transas’, en los patovicas o en el relacionista público del boliche prestigiado.­

­

INDIVIDUALISMO REINANTE­

Hoy muchos aspectos de la vida social son descriptos desde la llamada cultura del vacío. Vacío de contenidos, exceso de la imagen y del marketing en detrimento de la palabra oída, escuchada y del relato asociado a las vivencias que surgen del acompañamiento humano más profundo. Crisis del amor, `orgasmo’ de los impactos imaginarios. Tiempo de la química en detrimento del lenguaje. Paradójicamente, sin palabras oídas y pronunciadas con ternura, no se expanden las capacidades humanas. El cerebro necesita palabras, cultura y apegos fundantes para crecer.­

Cuando el cerebro entra en inactividad tanto en la niñez, en la vejez y en general en toda edad humana se desgasta. Hay un proceso de `desgaste’ cerebral cuando no fluye el lenguaje. Es el drama de los niños o viejos solos en donde el rechazo deteriora la propia sustancia nerviosa. Lo orgánico cerebral espera esperanzadamente a la palabra para desplegar sus potencialidades. Surge así el vacío de ser. La química en esta sociedad pre-simbólica acompaña a estos déficits. En los adolescentes esto es letal.­

Precisamente el autor español De Prada analiza las enseñanzas de Concepción Arenal, española pensadora, periodista y poeta (1820-1893), que pone en el centro de la vida y de su obra al dolor: “Nada humanamente valioso existe sin amargos días de prueba, sin penosas purificaciones, sin una dosis de lágrimas o de sangre. Todo lo que nos interesa y conmueve, todo lo que nos entusiasma y admira, está amasado con dolor”. No existe virtud sin combate, ni abnegación sin sacrificio, ni compasión sin pena, ni perdón sin ofensa; no existe, en fin, hombre moral sin dolor.­

La más alta misión humana consiste, a juicio de Concepción Arenal, en admitir que el dolor es un ingrediente esencial de nuestra naturaleza; un ingrediente que, bien aprovechado, puede convertirse en origen de todo lo bueno, verdadero y bello que somos capaces de realizar. Pero, para que el dolor eleve y enaltezca, para que pueda rendir frutos fecundos, debe ser un dolor atendido, consolado, remediado. Así, el dolor podrá ser utilizado “para perfección moral de quien lo sufre y de quien lo consuela”. Pero el dolor debe ser consolado; o sea protegido por el resguardo de otro (pariente, amigo, terapeuta, etc). Esto parece faltar hoy en una sociedad fundamentalmente individualista.­

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Por JuanYaria

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *