La «evaporación» del padre

DEFAULT HUMANÍSTICO- «La evaporación del padre es la de los vínculos de donación de sentidos».

POR JUAN ALBERTO YARÍA

22.04.2019

Oscar consume desde los 11 años. Viví solo, me dice, sin poder mirarme; su madre trabajaba y el padre estaba embargado en sus empresas comerciales. La calle es su refugio y ahí aprende lo que es la marihuana, el alcohol, el paco, las diversas pastillas. Se va transformando en una boca y una nariz que consume. Obesidad y anorexia lo acompañan. Es la enfermedad del amor lo que padece.

Están los padres, lo llenan de regalos pero parece ser que estamos enfermos de amor hoy: la agonía del Eros es clave en este malestar y vacío de miles de jóvenes y así van surgiendo las generaciones químicas. Un regalo sobre el fondo del des-amor pierde todo valor. No es un don, sino un compromiso frío.

Oscar recurre a nosotros como un «viejo joven» de 18 años ya golpeado por distintas enfermedades y casi como un condenado a muerte. Me llama la atención su EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) a tan corta edad, con la sumatoria de los tóxicos del tabaco y la marihuana.

Estos son tiempos de des-vinculación afectiva, pero todo con Internet, Whatsapp, mensajes, imágenes en tiempo real pero falto de vivencias, contactos y piel. Internet, que sirve incluso para comprar drogas. Las estadísticas frías son sólo una anécdota en este malestar existencial masivo pero que sirven para graficar lo que vivimos. Casi el 20% de los jóvenes tiene evidentes signos de adicción a la marihuana con edad promedio de inicio a los 15 años.

Casi el 30% de los que comenzaron en la adolescencia presentan en la juventud un consumo abusivo y más del 46% consumen estupefacientes. Las personas de menores recursos consumen cocaína fumable y los otros por aspiración y, de lo contrario, la inyectable con efecto rápido en cinco minutos, frente a los diez de lo que se fuma y los quince de lo que se aspira (Sedronar-2017).

En realidad, tratamos seres agonizantes en Gradiva porque ya han perdido toda voluntad o sea cuando el deseo se transforma en una mera repetición de conductas auto-destructivas.
El auge de la vida química en nuestra sociedad va surgiendo en forma paralela a la caída de los vínculos de sostén humano y autores de hoy llaman la «sociedad líquida» con el vacío como fantasma que preside su evolución humana con la caída de la palabra, las transmisiones generacionales y de todo aquello que conlleva una trama vincular de sostén (entrecruzamiento de la sociedad industrial con la sociedad tecnológica y la era post-moderna y de licuación de vínculos o sociedad de la des-vinculación).

LA HUIDA QUIMICA
Parece vital para muchos la vía química para la solución de sus problemas. Solución que es huida pero salida al fin para entrar, al mismo tiempo, en una «encerrona». Es masivo el fenómeno. El alcohol, la marihuana y la cocaína se imponen como solución desesperada para muchos. Ya fue aceptada socialmente, luego de un gran trabajo de marketing que «prende» en un suelo fértil y que muestra paradójicamente la intemperie de muchos. El vacío de ser y de sentido empieza a cotizarse en Bolsa. El paciente forma parte de la plusvalía. Es un objeto mercancía.

Relatábamos en anteriores notas la eclosión del clorhidrato de cocaína en la sociedad europea y las discusiones entre Sigmund Freud, Albrecht Erlenmeyer (1849 -1926 Viena, uno de los más grandes psiquiatras europeos de la época) y Ludwig Lewin de la Universidad de Berlín. Estos dos últimos fueron mostrando que al lado de la morfina (opio) y el alcohol también la cocaína se iba convirtiendo en un azote para la humanidad mostrando las consecuencias del consumo en el campo social, psiquiátrico y de envejecimiento neurológico. Pero mientras tanto se vendía libremente.

La humanidad, al mismo tiempo, crujía de dolores, ya que se anuncia en el horizonte de los tiempos la caída de una sociedad pre-industrial y victoriana y nacía una sociedad centrada en la producción, la máquina, el consumo. Cambia la vida familiar y también los ideales que la sustentan. En 1938 un psicoanalista francés joven J. Lacan escribirá observando este fenómeno de la eclosión de la máquina y de la producción capitalista en su libro «La familia»: «la «caída» del padre hará que oscuras «madrinas» siniestras se instalaran en cuna del futuro neurótico». No será sin consecuencias este cambio.

La sociedad victoriana se basaba en el deber, la postergación de los deseos y con todo un horizonte normativo centrado en la transmisión generacional y las normas sociales basadas en la tradición. El sistema social en la época victoriana estaba basado en el deber y ese era el imperativo social.

Hoy, mientras tanto, la civilización no exige la renuncia a la satisfacción inmediata, sino que la incentiva, la manda, la pide. El deber ahora es gozar. La droga permite esto ignorando las consecuencias. Todo esto se complica más por la caída de los ideales sociales, la agonía del amor en la tutela de los niños con el desamparo consiguiente y con una tecnología a partir de la década del «80 del siglo XX que irrumpe con fuerza arrasando aún más los vínculos de contacto humano.

Van surgiendo generaciones químicas. Aquello que en los finales del siglo XIX fanatizaba con la cocaína, hoy convierte en un «Imperativo Categórico» el uso de drogas para muchos ante la caída de las tutelas y de los vínculos familiares de sostén. Massimo Recalcati, uno de los más lúcidos analistas de este momento cultural, habla refiriéndose a este fenómeno de la «evaporación» del padre.

El maestro italiano llega a decir que en la vida somos herederos pero si no hay transmisión de las generaciones precedentes y del entorno social (escuela, cultura) surge el vacío y un hombre lleno de agujeros. El desempleo juvenil alto agrega más incertidumbre al panorama. Ni hablar del nuevo fenómeno de grupos familiares en carrera de consumo. Un porcentaje significativo que consulta tienen familiares con consumos problemáticos haciendo entonces muy difícil el pronóstico. Lo que se transmitió no fueron palabras, valores, sentidos y orientaciones sino la solución química que resulta ser como la «solución final» de los regímenes totalitarios.

PADRE… ¿POR QUE?
La evaporación del padre, que es la de los vínculos de donación de sentidos, amor estructurante y valores que orienten delimitan una gran dificultad de hoy: ¿quién educa? Los seres humanos necesitan ser educados, sólo los animales son adiestrados. Arendt retoma un texto de San Agustín de la «La ciudad de Dios»: «Un recién nacido nos hace regresar al alba de la humanidad».

¿Qué significa el apellido hoy?; se pregunta Charles Péguy (1873-1914-escritor católico francés) en el «Hombre de la Esperanza» y nos dice «piensa con ternura en ese tiempo que no será tu tiempo sino el tiempo de tus hijos». Hoy el apellido parece significar poco. Incluso los descensos de la natalidad en Europa hacen pensar a algunos en una orfandad melancólica de pérdida de sentido ¿para qué traer hijos al mundo si el mundo parece prometer poco, abrir un porvenir donde ya no parece haber porvenir? Al fin de cuentas, como dice Péguy, «el único aventurero del mundo de hoy es el padre: alimentar educar, es un pobre ser responsable, sufre por otros».

Recalcati recuerda al Cristo crucificado en el Gólgota cuando dice «padre, por qué me has abandonado». También la película de Nanni Moretti (2011) «Habemus Papa», cuando es designado un Papa que se queda sin voz porque no puede soportar el peso simbólico de su designación. El balcón de San Pedro aparece vacío. Cuesta ser Papa, dice Recalcati, y también cuesta ser padre hoy.

*Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones