Drogas y «tiempos de gente sola»

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«Es un tiempo de superficies. No de profundidad. Vivimos patinando sobre un lago helado. Todo es tránsito». Z.Bauman.

Siempre los padecimientos humanos son una caricatura del contexto cultural en los cuales vivimos. Cayó un mundo a mediados del siglo pasado y surgió otro con sus claro-oscuros. Ese pasaje de mundos desde la llamada Modernidad con sus discursos predominantes que «mamamos» en nuestras casas, la calle, la escuela, las Iglesias, los clubes y en todo entorno social mutó radicalmente en la llamada Post-Modernidad.

Al lado de esto crece exponencialmente la criminalidad organizada, ya no son «Consiglieri» ni «Don Corleones» al estilo de Mario Puzzo en la película «El Padrino» sino empresas organizadas; empresarios con cadenas de distribución y bancos de financiamiento y lavado de activos. El ser humano perdió su dimensión sagrada y es solo un consumidor no importa de que con tal de que rinda en plusvalía lo que se vende.

Esto parece explotar en los síntomas y adversidades del que consulta. Las drogas parecen ser, hoy, un reflejo de esto por la masividad de su consumo y una forma de mostrar los «agujeros y vacíos» de nuestro modo de vivir. De la misma manera los trastornos de pánico, las crisis de ansiedad y las depresiones en la edad media de la vida. Aumentan en todo el mundo las adicciones y las patologías mentales así como los intentos de suicidio.

En nuestro país ha bajado la percepción de riesgo del consumir drogas y alcohol y esto justifica, en parte la epidemia que vivimos.

A partir de mediados del siglo XX tres grandes relatos que durante centenares de años se disputaban la educación y el control político de las naciones entran en crisis como lo son el Cristianismo, el Comunismo (ascenso del proletariado como fruto de la lucha de clases) y el Iluminismo con su fe absoluta en la Razón y confianza ilimitada en el Progreso. 

La caída de estos relatos que tuvieron vigencia durante varios siglos da lugar a un nuevo ciclo cultural que intenta superar a la anterior Modernidad cediendo paso a la llamada Post-Modernidad.

El individualismo predomina sobre lo colectivo. El narcisismo domina. El tiempo es el hoy. El ya. El futuro del Hombre Nuevo cristiano, o del Hombre de la Razón Iluminista o el Hombre de la Revolución se derrite. Surge Narciso. No hay finalidades en la vida ya que todo se agota en el instante. El Tiempo es Hoy y no el «día de mañana».

La cultura de consumo, dineraria e individualista triunfa al lado de la imagen como centro de la vida y ya no la Palabra. La técnica y la informática suplantan los diálogos y vivencias. Surge otro Hombre Nuevo, más plástico, más «líquido», más abierto pero también más abandonado y especialmente en su infancia y educación. El hombre pasa a ser cliente y usuario más que ciudadano y fundamentalmente sin familias; crece cada vez más solo en el medio de un mundo de objetos y consumidores.

POBLACIONES EN CRISIS

Así quedan tres grandes poblaciones epidémicamente comprometidas ante el abuso de alcohol y drogas en nuestro país y en el marco de incertidumbre de la crisis post-moderna y esto lo vemos en la consulta permanentemente, por lo menos en Gradiva:

1. Los jóvenes con iniciación a los 11 o 12 años con el alcohol y la infaltable marihuana para luego seguir en la carrera «académica» de todas las otras (cocaína, éxtasis, pastillas, etc.). Parecen ser jóvenes sin tutelas, con crisis de los transmisores de la cultura como son los padres, las escuelas y que entonces lucen desorientados y a su vez «amaestrados» cotidianamente por la sociedad multi-mediatica y tecnológica que se sucede sin fin entre you-tubers, imágenes, propaganda y anonimato. Para ellos el «No Future» como lema del rock de los 90 es un guión vital y se encarna en sus vidas. No se ve perspectiva fuera del hoy, el ya. El instante.

En la tarea de todos los días en la consulta vemos jóvenes que buscan padres como marca la Odisea en el mito de Telémaco en donde el hijo ruega que retorne el padre Ulises para poner un poco de orden en la aldea. Nuestros hijos parecen estar como Telémaco.

Buscan jerarquías que desde el afecto, los valores y los límites los orienten en el difícil camino de vivir. Justamente buscan aquello que la post-modernidad ataca como son las jerarquías vitales, la antecedencia de la transmisión de la sabiduría de padres, abuelos a hijos. Muchos lamentan no tener abuelos y padres en esta sociedad que denostó a la Paternidad y a la tradición. 

2. Adultos agobiados que consultan cuando ya el vodka y la cocaína pierden el encanto de la «luna de miel» inicial y se convierten en una compulsión infernal. Atrás quedan empresas, familias, hijos.
Consultan vencidos por el sin-sentido de sus vidas en esta sociedad tan crítica de los valores y finalidades y que buscaron una «fuga imposible» en las drogas y el alcohol dentro de un «combo» de vínculos fugaces y transitorios llegando con una melancolía vital que arrastra patologías que se complementan con los estupefacientes como diabetes, infartos, insomnio pertinaz, sedentarismo y desesperación; ésta aparece como central ya que la esperanza no se vende en ninguna góndola prestigiada de este mundo post-moderno.

Pero ese evento central que es el drogarse los acerca cada vez más seguido a las salas de guardia en donde un suero los espera con un tranquilizante para volver a lo mismo a lo sumo a las 48 hs.

3. Familias laceradas por el consumo. Acá triunfo el marketing del «consumo responsable» marcado por la ideología del «matrix progre» pero que olvidaron la función del cerebro y del impacto de las sustancias sobre las neuronas, la personalidad y los ordenamientos familiares y sociales. Hay padres que consumen, hijos que los ven o incluso los ayudan en las crisis de las «resacas» o en los momentos agudos de su enfermedad. Todos consumen. Ya hay algún muerto o algún otro con una enfermedad infecto-contagiosa crónica. Se va hundiendo así la cultura ya que la familia no deja nunca de ser el primer organizador social. En «tiempos nublados» (metáfora de Octavio Paz cuando se refiere a estos tiempos en donde quedó nublada la espiritualidad) urge restaurar el diálogo y la cultura de la palabra así como vencer compulsiones a consumir y que parecen ser designios de hoy.

MUNDO DE CLIENTES Y USUARIOS

Para nosotros se multiplican los desórdenes adictivos, mentales, nutricionales pero este discurso parece ser antiguo ya que el supuesto paciente es en realidad un cliente. Esto que para nosotros es un padecimiento compulsivo y que compromete la libertad de las personas para otros es signo de liberación (matriz política «progre»). La sociedad antigua disciplinaria debe caer y la «liviandad» debe triunfar más allá de lo que dicten normas sanitarias.

Los hospitales atestados de pacientes en sus guardias, muchos ya llegaron tarde y se ganan una muerte no digna o un deterioro neurológico casi irreversible.

El mundo narco, a su vez, lo ve como un negocio en donde el que padece (paciente) es un cliente y siguiendo las leyes del mercado hay que tratar de multiplicarlos. A su vez industrias legales farmacéuticas, hotelera, de diversión e incluso del alcohol y los cigarrillos creen ver en este negocio una ampliación de la red de venta como lo demuestran las articulaciones entre sectores del negocio farmacéutico (ligados al cannabis) con las empresas de alcohol. Las mezclas posibles son tarea de los ingenieros químicos y su venta de los productores del marketing. Al fin de cuentas es una sociedad química y de impacto de imagen y para eso estarán los profesionales dedicados a esto. Unos ayudarán a mezclar sustancias que impacten y otros a cautivar desde imágenes que también impacten.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones