¿Hacia el ocaso de la paternidad?

«»Hay un lazo nupcial entre el hombre y la vida y en la familia ese pacto se pone en acción». G. Marcel, «Homo Viator»

Leyendo esta semana en los medios los números de la CICAD-OEA (organismo sobre droga-dependencias en América latina) en donde nuestro país se encuentra casi en paridad con el consumo de U.S.A. en alcohol y cocaína con un avance enorme en los últimos 15 años y con un aumento en el consumo de alcohol superior a U.S.A. en la franja juvenil pensé en las implicancias de todo esto en la educación familiar y social. Estamos primeros en el consumo de cocaína después de U.S.A. y junto a Uruguay. El consumo de alcohol en los jóvenes del secundario supera las marcas de toda América incluyendo a U.S.A.
Lo vemos en la clínica cotidiana y me interesa analizar en estos días de celebración del Día del Padre la implicancia de esto en la transmisión de la «»irracionalidad»» a nuestros hijos.
Pablo, empresario importante, ha hecho de un lema una consigna que preside su vida: «»Cocodrilo que se duerme es cartera»». La desconfianza y las suspicacias deciden su vida. La cocaína es el suplicio que lo persigue pero que al mismo tiempo es lo que le permite alimentar esta «»vocación»» paranoica en la vida.
Esta sustancia es una verdadera «»Cruz»» en su existencia. Varias internaciones prolongaban su padecer al no poder frenar el apetito voraz por ella. Ya «»domado»» por las sustancias y en los instantes en donde su vida corría riesgo puede finalmente iniciar un tratamiento y las recaídas son cada vez menos intensas y los periodos laborales son cada vez más fructíferos. Su compañera también consumía. Dos hijos observan estas secuencias de sus vidas en donde la lucha frente a las compulsiones es casi todo.
Su hijo adolescente también comienza a consumir. Este es el drama de las familias donde los padres tienen historia de consumo. ¿Podrán implementar límites a la conducta autodestructiva de sus hijos que están en los inicios de su carrera adictiva?
Precisamente cuando esto sucede los límites son fundamentales. Ser permisivos en los instantes primeros es de alguna manera asociarse al destino, casi seguramente, negativo de un hijo.

CRISIS DE LA FUNCION PATERNA
El padre de Pablo no pudo. Lo dejó hacer en sus 16 años. La debilidad y la falta de diálogo primaron. Pablo tampoco puede. A pesar de los daños que siente en su cuerpo y en su vida, no puede. Repite, por ende se va condenando. 
El Padre en su función es Ley. Los hijos nos reclaman de diversas maneras. En el hijo de Pablo los reclamos y la demanda de Padre surgirán desde las conductas adictivas. Pablo no puede ejercer su función porque no la puede ejercer sobre sí.
Decimos siempre que la vida es una suerte de desarrollo en donde «»necesitamos de dejar de «ser hijo de» para empezar a ser padre de sí mismo para luego poder ser padre de otros»». Pablo no puede ser padre de sí mismo (autocontrol de conductas, cuidado de su persona, por ejemplo) y tampoco ejercer la función paterna. La función del Padre es una oferta que es disposición, donación, sacrificio.
Esta oferta de padre hace al hijo, lo transforma e incluso permite que cambien conductas que de destructivas puede pasar a ser constructivas. También la oferta de hijo hace al padre. Sus lamentos, sus penas, su padecer transforman al padre y lo hacen ser más Padre.

CRECIMIENTO EN SOLEDAD
El adolescente parece crecer solo. Los padres se quedaron en el vestuario y entonces la vida parece ser un juego sin árbitros en donde el arbitrio como capricho narcisístico es Ley.
El maestro de psicoanálisis argentino G. Maci dice: «ante la caída del orden simbólico familiar aparecen dobles protectores». No hay acompañamiento simbólico en el desarrollo y esto parecería quedar suplantado por distintos «padrinos» que están en las esquinas, en los «transas», en los patovicas o en el relacionista público del boliche prestigiado.
La función paterna aparece en nuestra sociedad devaluada ya que es una caricatura en directores, guías, consejeros, o en aquellos que están colocados en la condición de conductores. ¿Dónde quedó el mundo adulto? Parecería que todos somos adolescentes.

LOS PADRES Y LOS HIJOS
Siempre hay una invocación al Padre en momentos agónicos, terminales. La frase de Jesús en el Gólgota resume, quizás, la historia de la cultura: «Padre porque me has abandonado» (Mateo 27). Los síntomas de los hijos son una apelación, también, agónica a la función paterna. Se invoca siempre a un Poder Superior, a una Ley porque el padre es ley de vida y resulta ser el fundamento de la vida.
En los problemas de las adicciones observamos variadas figuraciones de las funciones paternas: ausencia, abandono, inmadurez, rechazo. También padres que funcionan como adolescentes (padres «pares» con sus hijos) y que juegan un rol con ellos que no son los que su función demanda.
La paternidad cumple una función biológica (la donación de semen resume parte de este papel). Pero trasciende absolutamente a esta función del hombre como padrillo. La paternidad es también una función de inscripción legal de un hijo en la cultura. Es transmisión de notas de vida y de valores, así como acompañar una evolución y fundamentalmente es una adopción del otro para sí facilitando el paso de la libertad y la autonomía.

Los antiguos la tenían clara; era Padre aquel que podía adoptar un hijo. Así un maestro y un tío, entre otros, pueden cumplir funciones de modelos para el otro y de esta manera permitir un ejercicio de la libertad. La función paterna trasciende la función biológica del hombre como portador de semen. La transmisión es clave y para ello la presencia en momentos críticos es clave.

En estas relaciones padres-hijos se da la trascendencia de un fenómeno cultural que es base de la vida social: la filiación. A través de «ser hijo de» entramos en la historia. La filiación es la historia viva y encarnada en cada uno de nosotros. El hijo que no conoce a los padres, sufre, sufre mucho. Busca una historia, relatos, ritos. Todo esto no está. Busca una cierta tradición y ésta no es más ni menos que una transmisión de notas de vida (tradición deriva de tradens que es transmitir).

El hijo de Pablo busca un padre que no está aún cuando vive con él. Pablo no se puede reconocer en su función paterna. Aún presente es un ausente en su función simbólica de Ley.
En el Día del Padre me pareció útil recordar conceptos que hacen a la esencia de la vida.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones