Hijos «desheredados» que buscan familias

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POR JUAN ALBERTO YARÍA 03.02.2020

Parecen, estos, ser tiempos del Marqués de Sade. Nadie habla en los «mentideros» políticos y culturales acerca de la familia como eje de la socialización sana y de la libertad. El individualismo hedonista triunfó y el hijo parece no pertenecer a los valores a prestigiar y cuidar cuando la cultura judeo-cristiana base del occidente se justificó sobre la promesa que el hijo significaba en la cultura. Sobre esto me referiré hoy.

De repente Jorge se presenta ante mí como un adolescente de familia opulenta en donde cada uno de los padres tiene una vida por separado. No hay vida en común. El tiene su dinero, un departamento; en lo material no le falta nada. Acude a mí porque su departamento se transformó en un «aguantadero» de consumo con marginales a su alrededor luego de una intoxicación severa. Su vida fue siempre así. Tuvo objetos, dinero, pero no tuvo con quien jugar. Se crió solo. Parece ser el prototipo de la sociedad de la desvinculación la cual vivimos. Hoy descubre en un tratamiento la sociedad ya olvidada de la palabra y los relatos cuando en realidad giró en la sociedad del vacío con la química como ilusión de completud. Terminó moribundo en la sala de guardia de un centro médico a sus 19 años. Sus padres religiosamente le pagaban el prepago, pero la obligación parental había estado ausente.

Oscar vive sin saber quiénes fueron sus padres biológicos; fue abandonado y tiene 25 hermanos de distintos padres que encontró en su vida hasta que un juez se lo saca a uno de ellos y por fin es adoptado por una familia que busca contenerlo, pero indudablemente los estrés tóxicos emocionales dejaron traumas que habitualmente en la adolescencia se transforman en venganza social y delito. Hoy se está recuperando en Gradiva. Llorando lo que no tuvo, aceptando su situación y mirando al mundo con una cierta esperanza.

Las estadísticas frías son sólo una anécdota en este malestar existencial masivo pero que sirven para graficar lo que vivimos. Casi el 20% de los jóvenes tiene evidentes signos de adicción a la marihuana con edad promedio de inicio a los 15 años.

Casi el 30% de los que comenzaron en la adolescencia presentan en la juventud un consumo abusivo y más del 46% consumen estupefacientes. Las personas de menores recursos consumen cocaína fumable y los otros por aspiración y, de lo contrario, la inyectable con efecto rápido en cinco minutos, frente a los diez de lo que se fuma y los quince de lo que se aspira (Sedronar, 2017).

MALTRATO Y DROGAS

Hoy sabemos que el maltrato infantil altera el desarrollo del cerebro. Maltrato como negligencia, abuso físico, emocional, sexual, violencia, abandono, etcétera. El Nida (Instituto Nacional de Drogas de los Estados Unidos) muestra que los adultos jóvenes que habían sido maltratados en la niñez presentaban diferencias en nueve regiones corticales en relación a otros que no habían sufrido maltrato. El equilibrio anímico y la regulación emocional se hallaban alterados y la capacidad de control de impulsos. Negligencia, abuso emocional, físico o sexual eran comunes.

Se encontraron distintos grados de conectividad cortical alterada con facilitaciones al riesgo de adicciones. Desde el embarazo y hasta la primera infancia, todos los entornos en los cuales los niños viven y aprenden, y la calidad de sus relaciones con los adultos y los cuidadores, tienen un impacto significativo sobre su desarrollo cognitivo, emocional y social. Así podemos encontrar lo siguiente:
Las experiencias tempranas influyen en el desarrollo del cerebro y en si su arquitectura será robusta o frágil. Las adversidades crónicas o extremas pueden interrumpir el desarrollo normal del cerebro. Los niños que al tiempo de nacer son abandonados muestran una actividad cerebral deficitaria en relación a los no institucionalizados.

El estrés crónico puede ser tóxico generando aumentos de ritmo cardíaco, activación de hormonas del estrés como el cortisol, falta de regulación de impulsos, entre otras. Así de a poco va surgiendo el auge de la vida química como una forma fallida de frenar las «tormentas emocionales» permanentes de estos muchachos.

LOS «DESHEREDADOS» Y LA VIDA QUIMICA

El auge de la vida química en nuestra sociedad va surgiendo en forma paralela a la caída de los vínculos de sostén humano y autores de hoy llaman a esta forma de vivir el fruto de una «sociedad líquida» con la consiguiente pérdida de sostenes y contenciones y con el vacío como fantasma que preside la evolución humana así como la caída de la palabra, las transmisiones generacionales y de todo aquello que conlleva una trama vincular de seguridad.

El poder de hoy es «blando»: todo es sí. El deber ahora es gozar. Así se domina a masas de personas. El poder no es más estaliniano, nazi o fascista se domina con el sí. Todo se puede. Hoy, mientras tanto, la civilización no exige la renuncia a la satisfacción inmediata, sino que la incentiva, la manda, la pide. El deber ahora es gozar.

Las drogas permiten esto ignorando las consecuencias. Todo esto se complica más por la caída de los ideales sociales, la agonía del amor en la tutela de los niños con el desamparo consiguiente y con una tecnología a partir de la década del «80 que irrumpe con fuerza arrasando aún más los vínculos de contacto humano.

Massimo Recalcati, uno de los más lúcidos analistas de este momento cultural, habla refiriéndose a este fenómeno de la «evaporación» del padre. El maestro italiano llega a decir que en la vida somos herederos, pero si no hay transmisión de las generaciones precedentes y del entorno social (escuela, cultura) surge el vacío y un hombre lleno de agujeros. El desempleo juvenil alto agrega más incertidumbre al panorama. Ni hablar del nuevo fenómeno de grupos familiares en carrera de consumo. Un porcentaje significativo que consulta tienen familiares con consumos problemáticos haciendo entonces muy difícil el pronóstico. Lo que se transmitió no fueron palabras, valores, sentidos y orientaciones, sino solución química que resulta ser como la «solución final» de los regímenes totalitarias.

SOCIEDAD DE LA ANOMIA

La sociedad de la anomia va surgiendo claramente. ¿Sin «nomos» (ley-norma) se puede vivir? Solo se apela en nuestra sociedad a la ley penal y cuando esto sucede estamos realmente perdidos.
La ley se «mama» y circula en la mesa familiar, en las escuelas con normas y límites, en las tertulias faltantes, en sociedades del encuentro y de la palabra. En tiempos de probables cambios en el marco jurídico en la cuestión de drogas la cuestión fundamental parecería pasar por otro lado. Generar un sistema inmunológico social preventivo se hace necesario.

La desvinculación y la caída del vínculo familiar que es la primera escuela y matriz educacional para un desarrollo sano empiezan a lucir por su ausencia. La mega-barbarie organizada que relata Edgar Morin ligada a la «errancia de los amores, la droga masificada y el individualismo» deja a miles en la «banquina». Los hijos «sueltos» y sin tutela parecen ser el gran problema moral y económico (Zygmunt Bauman) de hoy.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones