Las Raíces del “default” Humanístico Argentino

Las Raíces del “default” Humanístico Argentino

¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿qué sucede con ese proyecto de país que soñaba ser líder en América Latina de cara a Europa?

Ortega y Gasset decía: “ Yo no conozco ningún otro país donde los resortes radicales y decisivos sean más poderosos” (1)(Meditación del Pueblo Joven; conferencia dictada en La Plata, ciudad capital de la Provincia de Buenos Aires, en 1939). Ya en esta oportunidad nuestro ilustre visitante filósofo y perspicaz psicólogo nos decía:”se llega a hacer del argentino un símbolo de la humanidad deficiente”.

 

El problema argentino es secundariamente económico; en este estudio ahondaremos la debacle espiritual, anímica e institutcional de millones de argentinos. La desesperanza es un fantasma y a la vez la corporización  cotidiana de la vivencia de ese habitante que casi no se siente ciudadano de ese territorio/nación que habita. Un país que desea ser migrante, migrar; especialmente su gente joven.

El escritor Marcos Aguinis nos dice: ”Una mínima objetividad en el análisis de la historia nos muestra que la inestabilidad económica está relacionada con la inestabilidad política y con los reflejos morales de una sociedad; los factores culturales abren, limitan o cierran cualquier posibilidad, la fortaleza o el descrédito de ciertos valores promueven o no la estabilidad jurídica, el crecimiento industrial, la cooperación interna, la seguridad” (El atroz encanto de ser argentinos –Editorial Planeta – 2001).

Es singular que este célebre autor argentino elija como símbolo tapa de su libro la figura del mito de Sisifo en donde éste llevando una gran piedra sube una montaña, ésta se le cae y vuelve a subir la montaña. Toda su vida es eso. Subir y bajar en un gran esfuerzo, llevando una pesada carga. Esto ha sido mensionado por un conjunto de pensadores como la compulsión tanática, mortífera de personas y comunidades. Esto quizás suceda con nuestra comunidad una compulsión por lo inútil, un síntoma de la crisis de la falta de un proyecto, un repetir, repetir y no aprender. ¿No aprendemos como comunidad?.

En este repetir y repetir sin aprender de la experiencia surge un hondo desencantamiento vital la desesperanza que se troca por momentos en desesperación. Estudiaremos las causas probables de esta desesperación como la crisis de un proyecto. Por momentos ciertas notas de la sociedad argentina atada por instantes al elogio de la embriaguez y la frivolidad, en otros a la resignación melancólica y en otros a la desesperación nihilista nos recuerda al Baudelaire de las “flores del mal”: “día tras día el hombre opta entre tres términos: el autoengaño a través de la inmersión ocasional de la embriaguez; la resignación y la desesperación en donde la vida es hastío abismal en cuyo fondo se vislumbra la vertiginosa posibilidad de la nada”.

Baudelaire habla de todo hombre y esto hoy se puede reflexionar en relación del argentino, en donde el engaño, la resignación y la desesperación parecen ser tres notas que definen a un ser humano que ha perdido un andar seguro sobre un mundo frágil en su cimientos.

Es una enfermedad pero no solo como nota individual sino como un mal social, mal de un contexto. Contexto esencial, valorativo, espiritual. El argentino no solo está afectado por el default económico, sino por distintos default en lo espiritual, lo anímico, lo colectivo. Lo peor de todo es que nosotros nos “consideramos víctimas” (obra citada de Marcos Aguinis); siempre “la culpa la tiene otro”.

Acá Baudelaire  vuelve a ayudarnos cuando como en un lamento casi argentino nos dice: “¿A dónde ir?¿A dónde ir? No importa donde, no importa donde, con tal de que sea fuera de este mundo.

Un default generalizado como el que vivimos los argentinos encuentra en la falta de conciencia la principal dificultad  para sortear esta crisis crónica de adeudamiento de todos los niveles (la piedra que eternamente subía y bajaba Sísifo). Siempre fuimos víctimas: de la metrópolis en tiempos de la colonia, de Gran Bretaña en el siglo XIX, del imperialismo Yanqui  ahora.

Un estudioso de la Argentina que entrevió en la década del 30 la decadencia por sobre cual estaba por girar la sociedad argentina mencionaba a la falta de conciencia; él hablaba de una conciencia en mora: …”y si somos todavía un pueblo verde, no es porque seamos un pueblo joven sino porque nuestra conciencia está en mora”.”yo no veo remedio, para salirles al paso más que el fruto de una categórica, radical, rotunda movilización de las conciencias; movilización que es maduración”. (3. Historia de una Pasión Argentina- Enrique Mallea – Ed. Losada). Y luego dice: “lo que estamos es sin fruto verdadero y nuestras ramas de árbol criollo se han echado a expandirse por el falso espacio de una supercivilización apariencial“.

Apariencia, frivolidad, falta de conciencia. Como lo dice Aguinis nuestra frivolidad, escape de nuestra conciencia, se a transformado en “vulnerabilidad social”. Es una conciencia en  mora, al decir de Mallea, que nos sumerge en la frivolidad intrascendente, en la palabrería vana y vacía que se refleja en los medios de comunicación y por la cual nos identificamos y siempre pensando, infantilmente, que la culpa la tiene otro abstracto y desactivando nuestras propias potencialidades de cambio. Pasamos de ser un País del Primer Mundo en una especie de conciencia falseada, grandiosa y megalómana de la realidad en nuestra moneda es más fuerte que el dólar; hacer un país de mutantes y migrantes con una conciencia ruinosa, melancólica y oscura de nuestro destino. Nunca conciencia lúcida. Nunca conciencia humilde y por ende verdadera de la realidad.

Surge en esta ciclotimia la marca de nuestro descrédito fundamental, es nuestro default. Es la piedra de Sísifo que cotidianamente levantamos y se nos cae; ésa es nuestra compulsión. Compulsión a nuestro autoengaño. Así pasamos de una ostentación narcisista a una descalificación permanente del otro desde la melancolía. Esto lo destila el hombre común por la calle, el taximetrista que nos lleva a distintos puntos de la ciudad, los programas radiales y televisivos en donde hay un goce por la descalificación y el exterminio del otro. Un país de desesperados pero que patológicamente no aprende porque quizás no puede escuchar las lecciones de la realidad.

Esta palabrería le hizo decir a Mallea (obra citada): “tiene una función adjetiva y no sustantiva de este mundo, una función en la que lo importante era ante todo representar no ser; es la Argentina invertebrada y suelta, es la Argentina visible que conoce sólo la entronización de los medios; me dominaba su mismo errar entre noticias y noticias del periódico”. “ un mundo ficticio había operado en sustitución de otro verdadero; empobrecerse creyendo estar acumulando y enriqueciéndose”.

Mallea luego se pregunta: “¿dónde tiene su origen este mal?; era un delito de conciencia, habían suprimido sus propias raíces”. Cuando se desmiente, repudia o descalifica la realidad no escuchándola surge la desesperación, la desesperanza. Surge una crisis creencial.

Raúl Scalabrini Ortiz otro lúcido pensador predictor, también en la década del 30, de la decadencia argentina decía: “creer, creer he ahí el secreto de todo” (4. El hombre que está solo y espera -Raúl Scalabrini Ortiz -Ed. Losada) y que describió al porteño (eje del poder en la Argentina) como “un tipo de sociedad individualista formada por individuos yuxtapuestos”.

La Argentina: ¿Tierra Prometida? o ¿Africanización incipiente?

La Argentina es un enigma. El economista Paul Samuelson hace dos décadas describió cinco categorías de países: paises capitalistas, los de la órbita socialista, el tercer mundo, Japón y la Argentina. Japón unía una estructura capitalista en un contexto de tradición casi premoderna. La Argentina era un país impredecible (Aguinis – Obra citada).

Albert Einstein dijo en 1925: “ ¿cómo puede progresar un país tan desorganizado?”. George Clemenclan (periodista y político) dijo: “Argentina crece gracias a que sus políticos y gobernantes dejan de robar cuando duermen”.

Hasta artistas reconocidos que vivieron en nuestro país como Cantinflas mencionaron: “La Argentina está compuesta por millones de habitantes que quieren hundirla pero no lo logran”.

La Argentina de hoy tiene dos alternantes visiones: La Tierra Prometida y a su vez índices de africanización incipientes.

Ortega y Gasset (5.Obras Completas – Tomo VII de El Espectador) dice: “he sentido en el tren, solo conmigo mismo; he sentido en mí incostratable la invasión de la Pampa, mi nuevo paisaje tras largos años de insensibilidad”. En su ensayo Azorin o primores de lo Vulgar cuenta que cuando está decidido a viajar a Buenos Aires marcha al Escorial para cobrar fuerza y se pregunta:”¿qué será la Argentina? El Río de la Plata, La Pampa ¿qué será La Pampa desde la cima sensitiva de mi corazón?” “esos boscajes de la lejanía pueden ser todo: ciudades, castillos de placer, sotos, islas a la deriva –son materia blanda seducidas por toda posible forma, son metáfora universal” “Son constantes y omnímoda Promesa”.

“La Pampa se mira comenzando por su fin, por su órgano de promesa, vago oleaje de la imaginación”. “El hombre ahí está en su primer término, pero vive con los ojos puestos en el horizonte”.

“ahí está la clave como lo esencial de la vida argentina, es eso: es ser promesa” “Tiene el don de poblarnos el espíritu con Promesas, reverbera en esperanzas como un campo de mica en reflejos innumerables” “ La Pampa promete, promete. Hace desde el horizonte inagotable ademanes de abundancia y concesión”.

Parecería ser la Tierra Prometida; pero frente a esa promesa las derrotas dice él “deben ser más atroces que en ninguna otra parte”. Más adelante mostraré siguiendo a Ortega que esta promesa se tornará incumplida si no seguimos aquel lema que el ilustre filósofo español dijera marcando una polémica pero llegando al corazón de la Verdad: “Argentinos a las cosas… argentinos a las cosas”. Es tan grande y cierta esta aseveración que opera con la fuerza que para los que somos cristianos tiene el Sermón de la Montaña. Y lo sigue diciendo: “el argentino tiende a resbalar sobre toda ocupación o destino concreto; le falta precisión y tenacidad. No concreta”.”vive entregado a una imagen. No entregado a una realidad. Habita dentro del personaje que imagina ser”. Entre el País promesa y el Narcisismo surge una realidad siempre a medias. Momentos en que se hace realidad la Tierra Prometida, granero del mundo, poseedor de todos los climas, poseedor de reservas naturales de todo tipo. Pero al mismo tiempo –como veremos- un “default” educativo, familiar, social desde hace décadas y que ahora explica esta caída en picada permanente.

Esa Tierra Prometida es la que hoy ha producido 68 millones de toneladas de cereales, 27 millones de soja. Al mismo tiempo con una gran reserva y accionar de organizaciones del voluntariado en todas las áreas sociales. Es la que permitió crear una cultura con emergentes como un Borges, Sábato, Bioy Casares.

Raúl Scalabrini Ortiz (obra citada) nos dirá:”…el que mire fisonomía o hábitos creerá estar en Europa, no el que observe pulsos o inspiraciones…”.

Pero al mismo tiempo hay signos de africanización creciente:

En la Argentina hay 5.5 millones de personas que viven con menos de 3.20 pesos (dólares) diarios. En el sector más rico hay 2.5 millones que pueden gastar 100 pesos (dólares) diarios.

El 20% de la población más rica en 1974 ganaba ocho veces más que el 20%  más pobre y ahora percibe 15 veces más. Las causas son el alto desempleo (20%) y la baja de sueldos.

El 20% de la población más rica tiene el 53% de la riqueza y el 20% más pobre el 4,1. La brecha es de 13 veces.

La Argentina quedó entre los primeros 15 países del mundo que tiene la peor distribución de la riqueza. Según datos de la Organización de Naciones Unidas  y que corresponde a 85 países hoy la sociedad argentina es más inequitativa que la de Mejico, gran parte de los países  de Europa del Este, Asia, Africa, Costa Rica, Malasia, Israel, España y por supuesto que todos los países adelantados donde en general la brecha entre ricos y pobres es de 4 o 5 veces. Brasil tiene un problema crónico en este aspecto ya que la brecha es de 32 veces. La Argentina hace pocos años ingresó al lote de países con peor distribución de ingresos. Empeoró la desigualdad social.

En España el 20% más rico gana un poco más que el 20% más rico de la Argentina. Pero los españoles más pobres ganen 4 veces más que sus pares argentinos. Por eso la brecha entre ricos y pobres españoles es 4,4 veces.

En la Argentina hay una caída de la gente de menores recursos y además el salto que pegó la brecha entre ricos y pobres. Esto permite un crecimiento de la marginalidad social.

Hiperinflación

Asume la Alianza

Asume Alfonsín

14,6

Renuncia Cavallo

Convertibilidad


Hay una caída de las pensiones (13%), que son miserables de por sí, en cuanto a su monto y una quiebra del sistema previsional.

No se transfieren del Estado Nacional por la crisis financiera, por los pagos de la deuda externa y por la falta de pago de impuestos; los recursos a las provincias que a su vez no paga los sueldos a los empleados públicos y proveedores del Estado.

Las Provincias  de Jujuy (los docentes hace tres meses que no cobran sus salarios y no se dan clases a los alumnos), Entre Ríos (se clausuraron las clases por falta de pago) y San Juan (hace un año no perciben los salarios los docentes) tienen serios problemas educativos.

Hay una caída mes a mes de la producción y de las ventas. La venta de autos bajó en septiembre un 48% en relación al mismo mes del año anterior. El presidente de la Unión Industrial Argentina, José de Mendiguren declaró el día 2 de octubre: “hoy el gobierno no tienen un plan sustentable ni en lo económico ni en lo social. Y si no encontramos ese plan de recuperación económica podemos ser Biafra”.

El 14% de la población (5,2 millones de argentinos ni siquiera llega a cubrir sus necesidades calóricas diarias (2500 a 3000 calorías). La población de indigentes (mas pobre entre los pobres) pasó del 8,3% de la población en 1997 al 14,4% en el 2001. (Fuente- Instituto Nacional de Estadísticas y Censos).

El servicio de atención a jubilados y a pensionados en servicios de salud está suspendido en distintos territorios del país por su financiamiento y a su vez los hospitales públicos funcionan sin insumos mínimos para su subsistencia, quedando la tercera edad en situación de extinción. De la misma manera se ha suspendido para esta población los servicios de sepelio.

El Instituto Malbran, productor de vacunas se encuentra en crisis por falta de financiamiento siendo un factor más en el crecimiento de la mortalidad infantil.

El 30% de los niños menores de 6 años no fue vacunado contra la poliomelitis y el 37% no recibió la vacuna triple.

600 mil chicos en edad escolar están fuera de la escuela. El 43% que comienza la secundaria al año repite o deja.

El 50% de los alumnos de la Provincia de Buenos Aires se encuentra por debajo de la línea de pobreza.

El delito Infanto – Juvenil ha aumentado notablemente. El 20%  de los detenidos por delitos son menores de 18 años y en el Sistema de Instituto de Menores de la Provincia de Buenos Aires se fugaron en 9 meses 1300 jóvenes.

Cuatro pronosticadores de la decadencia: Ortega y Gasset, Mallea, Scalabrini Ortiz y Discepolo.

La respuesta a los conflictos que vive hoy la Argentina no debe buscarse solo en lo económico, hay un pronunciado déficit de su capital humano y de su capital social.

Los organismos internacionales hoy distinguen cuatro formas de capital:

dotación de recursos naturales

activos construidos y capital financiero

capital humano (servicios educativos, salud y nutrición que genera un gran rendimiento y explica el rendimiento económico)

capital social: conjuntos de valores compartidos, el tejido institucional como red contenedora de los conflictos sociales y los valores culturales.

Precisamente el deterioro creciente de su capital humano y de su capital social parecen nacer desde hace muchos años en la Argentina. Desde ahí se puede ver con claridad la pérdida rigurosa de distintos valores:

la crisis del Estado – Nación disuelto en varios grupos facciosos sin ningún tipo de identidad que los congregue y convoque.

El auge de la criminalidad, los grupos mafiosos que elaboran un control territorial ajeno al Estado mismo y que imponen sus propias leyes.

La desintegración de la sociedad familiar.

La decadencia de una serie de estructuras sociales e intermedias como sociedades vecinales, iglesias, sindicatos, clubes e instituciones de caridad.

El sentimiento generalizado entre la población de que ya no se comparten valores de principios comunitarios.

Lester Thurow en su libro “Ventajas comparativas de la Naciones” nos dice que la más grande ventaja para una comunidad es el handicap de su capital humano y social. De esta manera subirá su desarrollo económico y la competitividad.

El capital social, siguiendo a James Coleman, genera algo fundamental en la prosperidad de las naciones: el arte de la asociación, o sea la capacidad de los individuos de trabajar junto a otros en grupos u organizaciones para alcanzar objetivos comunes.

Francis Fukuyama (Confianza –Edit. Atlántida) nos dice: “las instituciones políticas y económicas liberales dependen de una sociedad civil fuerte y dinámica… la sociedad civil –una compleja mezcla de instituciones intermedias, empresas, asociaciones de voluntarios, instituciones educativas, clubes, sindicatos, partidos políticos, iglesias- se asientan a su vez en la familia que es el instrumento primario por medio del cual el ser humano es socializado en su cultura y recibe las habilidades que le permiten vivir en una sociedad más amplia. Es a través de la familia que los valores y conocimientos de dicha sociedad son transmitidos de generación en generación”. “una próspera sociedad no es creada por decreto como se crea un Banco Central: depende de los hábitos, las costumbres y el carácter distintivo de un grupo humano, todos ellos atributos que pueden ser conformados de manera indirecta a través de la acción política ya que, básicamente, deben ser nutridos a través de la creciente conciencia y del respeto por la cultura”.

La decadencia argentina –como trataré de demostrar- muestra un deterioro de su capital humano y social; la creciente desfamiliarización, el descenso de su calidad educativa tanto en la escolaridad formal como en la educación social, la crisis del derecho de límites como es su sistema penal basado en un Derecho Penal, el auge del crimen violento, etc.

Tomaré un conjunto de pensadores que en la llamada “década infame” (década del 30) en donde se trastocan todos los sistemas institucionales y que avizoran con lucidez la crisis de hoy. Ven la crisis desde la propia cultura. Desde los valores. Desde la propia subjetividad alienada y extraviada del argentino tipo. Son pinturas sociológicas y psicológicas de la futura decadencia. Las raíces del verdadero default argentino.

Ortega y Gasset.

Ortega estuvo en tres ocasiones en la Argentina; en la primera oportunidad en 1916 y posteriormente en 1928 durante meses. La última estadía fue de casi tres años, desde agosto de 1939 hasta el 9 de febrero de 1942.

En 1916 tenía 30 años y estaba en plena madurez intelectual.

Ya desde su primer viaje queda impactado por la fuerza de su paisaje y de sus pampas. En el corazón de Ortega el horizonte de la tierra argentina era para él una “materia blanda seducida por toda posible forma, es una metáfora universal”.

Desde ese momento la Argentina se le presenta como constante y omnimoda promesa. Es casi, como, la Tierra Prometida. llega a decir que “la clave, acaso lo esencial de la vida argentina es eso: es ser promesa” “La Pampa promete, promete, hace desde el horizonte inagotables ademanes de abundancia y concesión” .

Frente a “la Tierra Prometida es la Pampa la Tierra Promisora”. En su libro Intimidades rebela esta confesión de la Pampa como escritura de un argentino soñador de esperanzas. Pero también relata que este sueño esperanzado de grandeza choca contra una situación en donde se le presenta un ciudadano que no puede aprovechar esas promesas. Su vida “se le evapora sin que lo advierta”. Es un hombre perezoso para salir de sí mismo y enfrentarse a la realidad; de ahí que en 1939 pronuncia en la Ciudad de la Plata una conferencia que habría de ser editada con el título “Meditación del Pueblo Joven” y que causa estupor y polémica cuando dice: “Argentinos a las cosas, a las cosas; déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismo. No presumen Uds. el brinco magnífico que dará este país el día en que sus hombres se resuelvan una vez, bravamente a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales secuestradas por los complejos de lo personal.”

Sus sentencias son lapidarias pero anuncian la verdad misma: “el argentino es puro afán que se consume a sí mismo, como savia que asciende anhelante y se desespera por no llegar nunca a ser fruto”. Desesperarse por no dar frutos.

Luego dice: “hay que ir a las cosas, hay que ir a las cosas sin más”. El argentino propende al narcisismo dice y a lo que “.Uds. llaman “parada”“. Hoy hablaríamos en el lenguaje lunfardo popular de “pavonearse”, ser “chanta”, “farabute”, “versero”.

Cuando hace esta descripción se refiere al producto típicamente porteño o bonaerense/porteño. Aunque al bonaerense cercano al puerto.

Este prototipo argentino que va desde el político leguleyo, el financista hipócrita hasta el compadrito de las orillas es fundamentalmente un ser inauténtico: “ocupa la mayor parte de su vida en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”.

Para Ortega este prototipo argentino es un ser malogrado: “es un hombre admirablemente dotado que no ha entregado su existencia a cosa alguna que no sea él mismo”.

“el argentino se gusta a sí mismo”. Se trata para él de un tipo humano que siente un enorme apetito de ser algo admirable, superlativo, único. Pero el argentino y la Argentina es solo eso, una posibilidad. Sigue siendo una posibilidad. Este argentino triunfó sobre el hombre histórico que la tierra había plasmado.

Hay para él un conflicto entre el hombre factoría que es el hombre que surge del aluvión migratorio de fines del siglo XIX y XX y el hombre histórico. El eje es la fortuna. Su apetito fundamental es voracidad de riquezas o posición social.

En su libro “El hombre a la defensiva” dice: “en este momento domina el hombre abstracto (factoría) que el mar ha traído sobre el hombre histórico; la factoría es el emporio y esto fue Roma”.

Incluso preanuncia una lucha entre el tipo de hombre  propiamente argentino y el tipo de hombre abstracto que es el de la factoría. Estos temas los desarrollarán también Mallea y Scalabrini Ortiz y tiene amplias resonancias en la historia argentina. Octavio Paz decía: “Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos”.

El hombre factoría dominó y domina la escena cotidiana. En la década del 70 se desencadenó una fiebre especulativa, “hubo gente que vendía su casa, auto para poner su dinero a tasas usurarias en financieras” (Aguinis –obra citada). Este tiempo fue denominado la época de la “plata dulce”; en donde incluso algunos funcionarios mencionaban el cambio cultural que significaba viajar y comprar barato en E.E.U.U. y en el exterior. La cultura financiera y absolutamente alejada de la verdad económica de lo que sucedía realmente en la Argentina transformó aún más al argentino en un “hombre de mercado”. El “deme dos” en los shoppings de Miami era una carta de presentación de prestigio para este prototipo argentino. Habría voracidad compradora y una soberbia, y una falta de humildad que era típica de un argentino en el exterior.

Este hombre factoría que solo la sagacidad de un elegido como Ortega pudo ver inicialmente está también ligado a la magia de la palabra Argentina (argentum): el país de la plata. Todo es plata. Hacerse la “América” fue el sinónimo de hacer fortuna para el inmigrante. Al estuario para entrar a la Argentina se lo llamó Río de la Plata. La capital de la Provincia de Buenos Aires se llamó La Plata.

El dinero, el oro forman parte de una identidad, pero de una identidad vacía. Porque es plata sin producción. Plata con pereza.

La soberbia del argentino reconoce distintos orígenes: uno de ellos es que quiere un futuro soberbio, una vocación imperial; pero este ideal se transforma casi en un delirio cuando va acompañada de una pereza para salir de sí mismo. Para transformar la realidad.

En el “hombre a la defensiva” muestra  a un hombre hermético , que habla sin ir a las cosas; habla por delante de las cosas. El “argentino” no vive, puesto que vivir es una operación que se hace de adentro hacia afuera”.

En “Carta a un joven argentino” dice: “al mirar las cosas no abandona sobre éstas la mirada sino que tiende a usar de ellas como de un espejo donde contemplarse”. Siempre vive en la superficie. Está ocupado en la representación de sí mismo. Se coloca por delante de las cosas como antes había dicho; mientras que “las ciencias y las letras no consisten en tomar postura delante de las cosas; sino en irrumpir frenéticamente dentro de ellas meced a un viril apetito de perforación”.

Este prototipo argentino quiere reformar la Sociedad, el Estado, el Universo; “todo lo de afuera”; “sin la previa reforma y construcción de la intimidad”. El prototipo argentino es inteligente, pero le falta criterio porque éste surge  desde adentro hacia afuera que es lo que le falta al argentino.

Luego describe al hombre argentino: “notamos como si aquel hombre presente ante nosotros estuviese en verdad ausente y hubiese dejado de sí mismo solo su persona exterior; en cambio su intimidad no está allí; lo que vemos después una máscara y sentimos el azoramiento acostumbrado al hablar con una careta”. “no asistimos a un vivir espontáneo”. “notamos falta de autenticidad”. Vive pues “entregado, pero no a una realidad, sino a una imagen y una imagen no se puede vivir sino contemplándola. Y en efecto el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imagen. Es Narciso. Narciso y la fuente de Narciso”. “lo lleva todo consigo: la realidad, la imagen y el espejo”.

“El argentino es demasiado narciso; vive absorto en la atención a su propia imagen”. “Está de espaldas a la vida, fija la vista en su quimera personal”.

Por último dice: “se está siempre visitándose a sí mismo”.

La Argentina y el argentino no dejan de ser una posibilidad. Quedamos solo en posibilidad. Y cuando la realidad nos muestra duramente nuestros designios nos sentimos víctimas de una potencia que no nos deja ser. La palabrería inútil impide una reflexión auténtica. Y en última instancia diremos en frases típicamente argentinas: “Siempre  que llovió, paró” o “Dios es argentino”.

2- Enrique Mallea

Mallea en la década del 30 escribe “Historia de una pasión argentina” que se transforma en un lamento que va anunciando el deterioro creciente: “mi país me desespera, me desalienta”. Pide una conciencia que la despierte a su destino.

Distingue dos prototipos de argentinos: los que tienen la edad del alba que representa la Argentina sumergida y profunda; es la Argentina Invisible; representa al hombre histórico de Ortega. Es raíz, no pura representación; son lo que hicieron el país a través de la cultura del trabajo y luego la Argentina visible: son gobierno, voz, magisterio; su género es el discurso, su apoteosis el banquete, su seducción más inquietante es la publicidad. Son apariencia, no vida. Son gestos que compran, con gran ansiedad de dominio y poder. A este prototipo argentino lo describe como pura representación, no ser. Lo describe en su pura representación como un hombre mediático y de mercado; que entroniza los medios y que pervierte los fines.

Este argentino visible lo desalienta, lo desespera y le hace decir: “América tierra promiscua; tierra sin salvación”.

Describe magistralmente al hombre de hoy, el de la “plata dulce” de los 70: “empobrecerse creyendo estar acumulando y creciendo; vemos así como un mundo ficticio había operado la sustitución de otro verdadero”. Este hombre no tiene raíces, es el hombre factoría de Ortega. Su mayor deleite es un delito de conciencia.

Cómo salir del dominio de esta Argentina visible se pregunta Mallea; y nos dice: “…yo no veo remedio, para salirles al paso, más que el fruto de una categórica, radical, rotunda movilización de las conciencias”. Para él movilización es maduración.

La Argentina no es un pueblo joven; es todavía un pueblo verde porque “nuestra conciencia está en mora”.

La conciencia en mora debe salir del mundo de las apariencias, superar la existencia “vegetante y trepadora”, la exaltación de lo meramente individual.

Para Mallea hay dos Argentinas, separadas, por ahora inconciliables; dos mundos: el visible y el invisible.

Desde la Organización como Nación el trabajo de la Argentina visible ha sido un trabajo desprovisto de espiritualidad; no le ha importado la educación y lo remata diciendo: “espiritualmente lo que se ha hecho es nada, es regresar, regresar sin medida”; “solo buscó la civilización confortable”.

Esta conciencia en mora es la historia de un parto que debe suceder, es el sufrimiento de una pasión, la pasión argentina. Es la misma pasión y el mismo sufrimiento que se dió en los prolegómenos de la emancipación de la metrópolis, cuando se construyó la organización nacional, en los años de la campaña emancipadora de América. Esa pasión fue un padecer, fue conciencia de sí, conciencia de existir que ahora está extraviada y paralizada y solo “está  en movimiento el resorte crematístico de las ventas, de las grandes empresas financieras y la oscilación de los productos sobre los que el país especula.

Ese parto, ese dolor de parto es dolor en sí porque –según Mallea- es maduración del conocimiento. Esta es la historia de la pasión argentina. Frente a la palabrería de la Argentina visible y al silencio de la Argentina invisible va ha surgir una cuádruple conciencia que es maduración y movilización: conciencia moral, conciencia histórica, conciencia intelectual, conciencia humana.

En Mallea la argentina está inconclusa, anuncia la civilización de mercado y la crisis de la educación. Anuncia el fin de siglo. Anuncia el verdadero default “default”, su conciencia en mora. La pérdida de las raíces.

3- Raúl Scalabrini Ortiz

La década del 30, singular momento de la historia del siglo XX en la Argentina, tiene en Scalabrini Ortiz a un escritor que desde su Corrientes y Esmeralda (pleno centro porteño) describe en un texto antológico: “El hombre que está solo y espera” lo que sucedía en el espíritu del porteño que culmina en la metafísica empírica pequeña pero trascendente del tango en  Discépolo con su tango: “Cambalache”.

Ahí describe al porteño como un ser prototipo de una sociedad individualista formada por individuos yuxtapuestos. Es el fruto de razas que se anulan mutuamente y que lo hacen precisamente un “hijo de nadie”.

Aún siendo hijos de europeos es “hijo de nadie”, es hijo de la ciudad. Es casi un irresponsable ante la prudencia europea. Es un “niño que no ha madurado”.

Es alguien que en Corrientes y Esmeralda, centro de las citas porteñas del 30 y 40, está “solo y espera”.

La generación de patricios que hicieron el país, que fundaron ciudades, tendieron ferrocarriles, puertos dice Scalabrini “en esas procuraciones se atarearon y desatendieron el espíritu del país”. Sigue diciendo: “ellos creyeron que el bienestar espiritual brotaría automáticamente cuando la República tuviera 40 millones de habitantes”. “En su obstinación mecánica y geométrica se olvidaron del hombre”.

Así surge el hombre que está solo y espera: “en el sentimiento del porteño hay una fe que está esperando”. El hombre de Scalabrini es un lamento desesperado; el encanto de Buenos Aires dice es “la trabazón que da la soledad”. “El porteño es como un marino y Buenos Aires es como un enorme barco inmóvil que está varado en la vida”.

Pero tanto en Ortega, en Mallea y en Scalabrini hay una noción del Estado que surge desde los inicios de la organización nacional del gran “caldero donde intentaban cocinarse juntos restos de monárquicos españoles, el anticlericalismo francés, el federalismo de Estados Unidos y el “laissez faire” económico de Gran Bretaña” (Aguinis –obra citada).

Un Estado presente que le llama la atención a Ortega y que critica si se hace totalitario (otra vez el filósofo se adelanta a los tiempos futuros de la Argentina). Pero había Estado. En Mallea y Scalabrini también. Era para ellos casi una tranquilidad. Este nos dice: “el individualismo del porteño gana con esta delegación al centralismo del Estado; “los europeos aún los más clarividentes se sorprenden del grado de madurez del Estado. El Estado parece automático. Desobedecerlo es disminuir su autoridad. El que desacata al Estado es enemigo de la tranquilidad porteña. El ladrón que huye debe ser apresado por el vigilante (policía)”.

En el “consentimiento de la Idea de Estado, el porteño se libra de toda zozobra atinente a la colectividad”.

Discepolo va a anunciar casi premonitoriamente la caída del Estado. Hoy ya casi hay poderes territoriales en donde el Estado mismo no puede entrar y es popular en ciertos circuitos marginales el tatuaje de los cinco puntos que es un código que anuncia que se ha matado a un policía entre otras cosas. Hasta hace pocos años en los barrios pobres el policía era un segundo padre para los niños que jugaban; hoy ese mismo policía en barrios –ya sumergidos- es vivido como un enemigo. El deterioro arrasó con la idea misma del Estado y con su presencia efectiva como protector de los derechos y libertades de los ciudadanos. Las organizaciones mafiosas en algunos casos cumplen este papel. En los barrios pobres sumergidos las organizaciones criminales captan a los menores y los utilizan como mano de obra “descartable” para la distribución de drogas, la prostitución, el asesinato por encargo, etc..

4- Discepolo:

El destino trágico de Discepolo que se suicidó marca desde los 50 una época. Hay una relación entre Scalabrini, Mallea y Discépolo.

Scalabrini dice que “las letras del tango marcan la trascendencia de una pequeña metafísica del espíritu porteño

Discepolo era un poeta porteño que en sus letras denunciaba la triste metafísica del desencuentro argentino. Su tango “Cambalache” es casi un himno de estas urbes.

Ahí nos dice: “ya es lo mismo ser derecho que traidor / ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador”. “El siglo veinte / es un despliegue de maldad insolente…el que no llora no mama / ¡y el que no afana es un gil…es lo mismo el que labura noche y día como un buey / el que vive de los otros / el que mata / que el que cura o está fuera de la ley” / “La biblia al lado del calefón”. Fue casi una canción de protesta popular. Enrique Santos Discepolo se elevó al rango de autor paradigmático merced al sarcasmo que le provoca el desmoronamiento de los valores morales.

En la misma época otro poeta popular Enrique Cadicamo a quien tuve el gusto de conocer escribía: “al mundo le falta un tornillo” :

“todo el mundo está en la estufa / melancólico y cortado / Se acabaron los robustos / todo el mundo anda de asalto / hay que usar el trampolín / a la barba hasta a Cristo se la han afeitado / al mundo le falta un tornillo / se acabó la estantería o San Pedro abrió el portón /  el honrado se ha vuelto chorro / Nadie invita a morfar / todos andan en el riel / Hoy se vive de prepo y se duerme apurado / Hoy se lleva a empeñar  hasta el amigo más fiel / Al mundo le falta un tornillo que venga el mecánico a ver si lo puede arreglar.

El tango y su letra muestra lo que ya desde la “década infame” es la crisis que ahora trataré de describir.

La caída del capital humano y social argentino.

Los capitales humanos y sociales son factores fundamentales para poder vivir en tiempos de globalización. La globalización es medida habitualmente como un fenómeno solo económico. ¿Cómo toma a la Argentina el nuevo fenómeno de planetarización que implica la globalización?. Los problemas actuales  ¿son efectos de la globalización? ¿Otra vez volvemos a ser víctimas de un proceso extranjero a nosotros mismos?

En realidad enfrentar el nuevo fenómeno de planetarización en donde la globalización es un fenómeno interior de aquella y que es definido por Edgard Morin (conferencia en Instituto de Drogadependencia –Universidad del Salvador- 2001) como la edad de hierro planetaria implica una apuesta permanente a la formación de un capital social y humano. Capital social y humano que desde hace décadas viene siendo dejado de lado en la Argentina como problema sustancial para un avance comunitario. La desfamiliarización creciente de la sociedad, la crisis de la escuela, la anomia elogiada como un verdadero “elogio del vacío”, la descalificación permanente a cualquier utopía política y/o trascendente de la vida nos ha convertido en una sociedad globalizada en el peor de los sentidos de esta palabra: ha surgido solo un hombre de mercado manipulado y manipulable como hombre-masa y profundamente individualista nihilista, escéptico y cínico a cualquier compromiso trascendente.

Francis Fukuyama (obra citada) nos habla de una sociedad civil fuerte para acceder a esta nueva fase de la humanidad (globalización-planetalización al decir de E. Morin) con una compleja red de instituciones intermedias que se asientan a su vez en la familia “que es el instrumento primario por medio del cual el ser humano es socializado en su cultura y recibe las habilidades para vivir en una sociedad más amplia”. Esto fomentará el arte de asociación para alcanzar objetivos comunes, que es la nueva cara del Estado Nación en un mundo que tiende a planetarizarse para llegar a todo esto la educación desde la inicial familiar hasta la social así como los valores interiorizados de la propia cultura son elementos fundamentales.

Los cambios en los sistemas productivos y en las escalas de gobernabilidad social con sus crecientes riesgos globales (epidemia, crisis ambientales, cambio climático global, tráfico de armas incluso nucleares, auge de las drogas) son un verdadero desafío político y educativo para el capital social y humano existente en un comunidad y el que habrá  que desarrollar.

Las transformaciones del sistema capitalista. En especial la creciente desterritorialización de los sistemas de producción del capital financiero y del flujo de información y de conocimiento crean una crisis de escala en las organizaciones públicas (el Estado) y las privadas (las empresas) surge una falta de sincronización de los sujetos entre sí y en el interior de las fronteras nacionales. A su vez se suma la emergencia de nuevos actores internacionales desterritorializados con gran poder de inserción en lo local a través de la gestión en red (por Ej. El narcotráfico).

La globalización permite un crecimiento de la “sociedad del riesgo” como producto de la transformación de los sistemas de producción que conlleva una transformación del tejido social que tiende a modificar la gobernabilidad social local y global.

Cuando una sociedad tiene un déficit pronunciado de su capital social ésta “sociedad del riesgo” se transforma en “sociedad en riesgo” (situación argentina). Entonces, la interdependencia y la retroacción; que son fenómenos típicos de la globalización-planetarización aseguran un incremento geométrico de patologías ligas en donde se entrecruzan retroactuando: medio ambiente / pobreza / salud / desarrollo económico / desfamiliarización / seguridad / gobernabilidad democrática.

Surgen mayores vulnerabilidades sociales. El hombre ya está a la “intemperie” (clases de Prof. R. Motta –Universidad del Salvador).

A– Desfamiliarización

Cuando hay ya un déficit de capital social existente en una sociedad dada la globalización en su primer impacto potencia sus efectos negativos así como el deterioro del parentesco como institución socializadora y cobijante de las jóvenes generaciones.

Pero esto parte de una crisis de la noción de comunidad, noción ésta perfectamente retratada por F. Tonnies cuando dice que está basada en el altruismo y en la cultura de la solidaridad.

Ya Adam Smith en sus tesis y teorías económicas nos decía que si la sociedad se organiza solo por la mano invisible del mercado falla en la constitución de los lazos sociales. Precisamente para Smith la educación era la base de la vida social. Valores sociales y culturales que garantizaran un orden moral coetáneo con un cierto orden social.

La lógica mercantil librada a sí misma no contribuye sino al desorden social. E. Durkheim nos enseñaba: “el interés expresado por el mercado no puede crear sociedad”.

Por eso la noción de comunidad está muy ligada al capital social que definimos anteriormente y a la vida familiar-educativa.

Incluso Fukuyama (La Gran Ruptura –Ed. Atlántida) dice: “valores premodernos que están constituidos por las tradiciones, la cultura, la moral, la religión que son los que fundan la sociabilidad espontánea debe ser instrumentados para asegurar la lógica de mercado”.

El déficit de capital social permite el aumento de la tasa de criminalidad, de ruptura familiar, la drogadependencia y en general de todas la patologías sociales en tiempos de anomia.

En la Argentina debemos recrear instituciones inmunológicas y ya Anthony Giddens nos enseña el efecto de destradicionalización determina un yo que no es inmune ya que vive en una verdadera desprotección institucional.

Sobre este tema en la Argentina observamos aquello que enseña Fukuyama que es que donde  más se manifiesta la crisis del capital es en la crisis de la familia:

Acelerada caída de la fertilidad en ciertas zonas y un aumento explosivo de fertilidad en zonas carenciadas.

Disminución de la tasa de casamientos

Aumento del porcentaje de madres solteras

Aumento de la tasa de delincuencia y de niños sin padres.

Aumento de familias monoparentales

La tasa de nupcialidad se redujo casi a la mitad. En la Argentina había en 1970  7,3 matrimonios cada 100 mil habitantes y en 1990 4,3.

Aumento de uniones consensuales (sin ningún tipo de vínculo legal ni religioso) pasando del 15,1% en 1990 al 27% en 1995. en la Argentina 1 de cuatro jóvenes vive en pareja.

Aumentó en todo el país el hogar monoparental: 4,9% en 1960, 19,9% en 1980; 22,3% en 1991. En la Ciudad de Buenos Aires llega al 32%.

Aumentó el número de gente que vive sola (hogares unipersonales): 1960 era el 7% y en 1991 el 13,5%.

La natalidad en la Argentina entre 1980 y 1995 bajó del 25 al 19 por 1000, y el porcentaje de hijos extramatrimoniales es de los mayores del mundo, solo superado por Suecia. En 1980 representaba el 29,5% en todo el país y hoy llegan al 49 ó 50%.

B- La desescolarización progresiva – el problema del déficit educativo

Ya Juan B. Alberdi uno de los prohombres argentinos nos enseñaba: “la riqueza no reside en el suelo ni el clima, el territorio de la riqueza es el hombre mismo”.

Año a año se estudia y evalúa la calidad educativa y se ha diagnosticado  un descenso creciente en los niños al culminar la escuela primaria y de los jóvenes que completan su educación media.

En escuela primaria tomando una escala de 1 a 10 en los últimos 5 años el promedio de Lengua y Matemática no supera los 5 puntos. En la Universidad en 1998 (Universidad de la Plata) una prueba diagnóstica al ingreso con contenidos de nivel secundario el 84% de los alumnos no logró responder ninguna pregunta (La Tragedia Educativa –Guillermo Jaim Etcheverry – Edit. F.C.Económica) y un solo alumno contestó la mitad del examen.

En el ciclo básico común  de la Universidad de Buenos Aires en la Cátedra de Semiología los alumnos tienen graves problemas para comprender los textos que deben leer y también para expresarse mediante la escritura. El 11% de los alumnos investigados no logró construir un escrito o produjo textos muy pobres o elementales (obra citada).

Estudios comparativos en el área lógico–matemática en la década del 70, el 70% logro un nivel aceptable y en el 90 el 18%. En las funciones lógico-verbales en 1971 el 62% y en 1995 el 37,5%.

Si se analiza globalmente el rendimiento de conjunto del grupo evaluado en la década del 70 el 71,1% alcanzó un nivel aceptable, un 25,6% mediocre y 1,3% no deseable. En la década del 90 un 17,8% tuvo un rendimiento aceptable, un 56,2% mediocre y un 26% no deseable.

Además existe una mutación de los valores de los jóvenes (Fuente: Instituto de Investigación Observatorio Urbano): la valoración del conocimiento es menor que la de los jóvenes de hace dos décadas.

A su vez aumentó la proporción de personas sin educación o menos que primaria del 21% al 23.4% entre1992 y 1997; la cantidad de individuos que como mínimo tienen educación secundaria completa disminuyó del 20% al 10,8 %.

La relación entre nivel educativo y empleo  también es  crítica: entre los jóvenes desocupados el 73% carece de estudios secundarios completos; entre 1991 y 1997 en el llamado Gran Buenos Aires la desocupación entre los jóvenes que no completaron el colegio secundario aumentó cinco veces más que entre los que terminaron el secundario. Según datos de la UNICEF en todo el país hay alrededor de 3 millones de jóvenes entre 13 y 17 años de los cuales 330 mil no estudian ni trabajan y el 60% vive en hogares pobres.

En la Ciudad de Buenos Aires el 40% de los estudiantes abandonó sus estudios antes de comenzar el tercer año del secundario.

Esta es solo una parte del panorama crítico de descapitalización educativa argentina que nos transforma progresivamente en un país más ignorante y en deserción para enfrentar los retos de la educación del futuro.

Añadiré algunos indicadores más:

Hay provincias que promueven automáticamente a sus alumnos primarios y secundarios debido a los escasos días de clases.

Hay interpelaciones judiciales de los padres a los docentes cuando las notas no superan la mínima exigida en un examen; esto lleva a una deserción aún mayor del docente en su función educativa y que incluso es considerado un represor si tiene una conducta exigente en la enseñanza.

Se tiende a reemplazar el término maestro por el de “facilitador” ya que éste es solo un “testigo” de un niño que se educa a sí mismo” (Jaim Etcheverry –obra citada).

Toda esta crítica situación que describo muy someramente nos pone en riesgo de no poder asumir la educación del futuro siguiendo las ideas del maestro Edgard Morin (Fuente: “los 7 saberes para la Educación del Futuro –E. Morin –UNESCO): ”uno de los desafíos más difíciles será el de modificar nuestro pensamiento de manera que enfrente la complejidad creciente, la rapidez de los cambios y la imprevisibilidad que caracterizan nuestro mundo”.

Así surgen 7 saberes fundamentales para entrar en la planetarización:

Superar el error y la ilusión como las cegueras del conocimiento para llegar a constituir un pensamiento lúcido no apto para las manipulaciones.

Llegar a construir un pensamiento pertinente en donde lo parcial y local se sepa contextualizar y globalizar.

Enseñar la condición humana y la identidad común que nos une.

Asegurar la vida, enseñar la vida, enfrentar los males sociales frente a la crisis planetaria y la cultura de la mega-muerte planificada.

“el viejo universo era un reloj perfectamente regulado, el nuevo es una nube incierta”, en otro momento crea un neologismo y lo denomina “caosmos”, o sea un caos vivo y organizado. Hay que enseñar a navegar en un océano de incertidumbres a través  de archipiélagos de certeza. Ahí nos recuerda Morin una sentencia de Eurípides de hace 25 siglos: “lo esperado no se cumple y para lo inesperado un Dios abre la puerta”. Preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo

Enseñar la comprensión: el planeta necesita comprensiones mutuas a través de una reforma de mentalidades.

Una antropoética que una al individuo con la especie la sociedad. Llegar a la máxima moliniana de la Tierra Patria. Llegar a la ciudadanía terrestre.

Jaim Etcheverry lo define como “La tragedia educativa”. Frente a lo que plantea Morin y nuestra realidad actual la revolución pendiente ante este otro “default” es grande. Aquí también nos estamos quedando sin reservas.

C-Rehenes de la Violencia

Así titula un eximio sociólogo e investigador social, Eugenio Burzaco, un libro que tuvimos el gusto de presentar en el Instituto de Prevención de la Drogadependencia de la Universidad del Salvador (Rehenes de la Violencia –Ed.Atlántida).

La inseguridad y el avance de la criminalidad ha sido notable en los últimos años, de ahí que todos nos sintamos “rehenes de la violencia” en la sociedad argentina.

El deterioro de la calidad de vida en los últimos 15 años en el plano de la seguridad se muestra en los siguientes índices:

De cuatro a ocho crímenes cada 100 mil habitantes.

El delito contra la propiedad se triplicó.

El número de denuncias penales aumento un 70% en la Capital y un 100% en la Prov. de Buenos Aires.

En 1980 había 83 delitos cada 10 mil habitantes y en 1998, 560 delitos cada 10 mil habitantes.

Entre 1995 y 1999 el delito en menores aumentó un 560%.

La proporción de sentencias en relación al total de sujetos arrestados disminuyó del 9% en 1991 al 5% a la actualidad.

Los dos tercios de los presos se encuentran en la cárcel sin sentencia firme.

El 0,6% sobre el total de delitos cometidos cumple prisión efectiva.

Este cuadro del sistema de seguridad y penal muestra una crisis en instituciones vitales para la seguridad pública: Policía, Justicia y Servicio Penitenciario.

Las drogas son otro factor que irrumpió bruscamente en la sociedad argentina de los 90 con un efecto fuerte en la provocación del delito: el 80% de los internos judiciales de la Pcia. de Bs. As. probó la droga y casi el 10% es dependiente a las mismas.

El delito de acuerdo a seguimientos de escolarización y de historiales familiares muestra una crisis –como antes mencionamos- de estas dos instituciones educativas. Analfabetismo, Repitencia, Deserción, Abandono Escolar, Hogares Inexistentes, Ausencia del padre biológico, etc. forman parte de este escenario.

El ciclo económico recesivo de la economía argentina con un alto nivel de desempleo (llega casi al 18%) y los salarios bajos en una situación de inseguridad social (antes mostrada) denuncian la complejidad de esta situación.

La crisis de la Justicia Penal desde una óptica abolicionista y en este contexto de crisis como el actual ha permitido que la utilidad esperada de una actividad ilegal sea mayor que si se dedicara ese tiempo a una actividad legal.

La posibilidad de ser atrapado es casi nula y por su puesto también de ser condenado. Además la severidad de las penas en caso de ser condenado y encarcelado es cada vez menor.

Los factores institucionales tiene por ende “déficits en el control del comportamiento criminal” (Obra Citada –Burzaco).

La policía a su vez enfrenta una reforma no solo para la optimización del funcionamiento operativo, sino también para mejorar su relación con la comunidad y eliminar “bolsones de corrupción y connivencia con el delito”.

Todo esto configura una crisis del Estado muy profunda en la sanción de límites, en el control de territorio y en la protección de los derechos individuales y las garantías de los ciudadanos.

Resumen

Quise mostrar una visión no solo económica del “default” argentino. Investigar sus raíces espirituales, morales. El progreso hacia su decadencia así como los resortes para su desarrollo y crecimiento humanos. El capital social y humano  deteriorados hoy no figuran en las noticias, pero son –creo- las bases de la sintomatología como también de su recuperación. Quizás debamos repetir con Ortega: “Argentinos, a las cosas, a las cosas”. O con Eduardo Mallea: “somos un pueblo verde porque nuestra conciencia está en mora”. La piedra de Sísifo es nuestra compulsión al autoengaño. Pero la Argentina es Promesa, sigue siendo al decir de Ortega una posibilidad.

 

 

 

 

 

 

Dr. Juan Alberto Yaría