- POR JUAN ALBERTO YARÍA
- 06.03.2022
Lo sucedido en Palermo Soho se repite en los consultorios en donde mujeres dolidas por las violaciones -y dentro de un circuito de drogas- consultan. Ellas están dañadas en lo más íntimo de su ser y el trauma de lo `animal’ se perpetua como secuela postraumática durante años. El `anti-amor’ triunfo y dejó su marca traumática.
La violación surge como el triunfo de la `animalidad’ y máxime cuando se realiza bajo el impulso hipnótico de lo masivo a través de la `manada’ y del uso de drogas: la víctima da la impresión de que fue drogada y en el coche de los activos violadores se encontraron alucinógenos como marihuana, ácido lisérgico y un depresor que actúa también como desinhibidor como lo es el alcohol.
De esto sugestivamente no se habló. En la cultura de lo `políticamente correcto’ se ha naturalizado el uso de drogas y cuando el abuso muestra su cara siniestra sus efectos se ocultan `bajo la alfombra’ en un verdadero discurso cómplice de la cancelación de lo que no se debe mencionar.
Luego de una larga noche en la calle frente a un negocio y en presencia de transeúntes realizaron este acto vejatorio, lo cual habla del estado de alienación de los participantes y de la omnipotencia antisocial y perversa.
Hay tres rasgos claves:
A) Alienación, antisocialidad.
B) Perversión
C) El influjo de lo que hoy en el mundo se llama `violación en manada’, que cita el papel de la grupalidad enloquecida y genera un efecto determinado de disolución de lo moral.
El alienado vive en un mundo paralelo en donde el día puede ser noche o quizás esto no importe, y el perverso antisocial sacia sus descargas no viendo más allá de su `ombligo’. El otro no existe y más cuando entre las drogas y la fuerza hipnótica de la `manada’ no hay ley que valga y que supere su propia bestialidad. Alienado deriva de `alienus’, o sea extranjero. Eran extranjeros en su propia tierra, con otra ley que y con otro lenguaje. El acto no mediatizado por la ley del cuidado del otro suplanta a la palabra y a la ternura que es la base del amor.
Es más hoy se habla, en los consumidores inveterados, de sustancias de psicopatía adquirida (antisocialidad con desprecio del otro y de las normas morales), ya que las drogas alteran el funcionamiento de los sistemas de recompensa del cerebro y las finas estructuras frontales que nos separan de los simios. Se ubican ahí lo que se llama la `neuro moral’, es decir, se suspende el juicio ético en función de procesos químicos que alteran aspectos centrales del sistema nervioso.
En la perversión hay un `secuestro’ del otro que deja de existir. Es solo un medio para la descarga impulsiva. La arbitrariedad y el exceso `cosifican’ al otro. Esta deriva de `per-vertere’ que es verter con exceso un líquido de un recipiente a otro; o sea primacía del exceso, el desborde.
HACIA LA EXTINCION DEL AMOR
En la cultura de masas el amor se ha transformado en un atributo de consumo, en un `tómalo y déjalo’, como en una góndola de supermercado. Se ha prostituido el amor que es precisamente lo que salva, es el complemento de desarrollo de todo individuo. Cayó bajo el rancio individualismo en donde lo social no existe. Por eso decimos que el amor está en peligro de extinción.
Se devalúa la vida familiar, se exalta el `poliamor’, hacemos del lenguaje inclusivo una cuestión central y el diálogo entre las personas se devalúa con la manipulación, triunfando lo antisocial (la amoralidad como eje de la existencia) y la perversión.
¿Fallan los transmisores de la ley? Podemos pensar que sí, ya que la cultura del otro como eje de la ética se transmite de padres a hijos, de abuelos a nietos, de maestros a alumnos, etc. Estamos fallando, ya que somos hijos de lo que recibimos, de lo contrario, lo caótico de la barbarie se apodera de un conjunto social.
El narcisismo suplanta la realidad de lo social y de los otros. Es el imperio del ego que es la `tumba de una persona’. Solo el amor nos saca del verdadero infierno que es el narcisismo como eje de la existencia. El vínculo, el servicio, la donación. Valores olvidados.
Aparece la `tinderización de la vida’, la llamada cultura porno y todas sus extensiones. El `porno’ es el individualismo de la imagen y de la descarga impulsiva. Una nueva droga con una gran plusvalía en esta sociedad. La mujer es ofertada como objeto en su esclavitud ante `capangas’ que lucran con lo visual y la desmesura de la imaginación y del exhibicionismo. Plusvalía `a full’ mercantilizándose todo.
El dios Eros de los griegos (hemos entrado como dicen algunos pensadores europeos en la `Edad oscura’ ya que no se estudian a los griegos y a los antiguos, porque no es lo `políticamente correcto’) era lo que unía, pacificaba, en definitiva, lo que nos salvaba. El `porno’ es la antípoda del Eros y esto aniquila a la sociedad misma.
Caída la educación o menguada su eficacia, la calle es la `escuela’ antihumana que siempre interviene y así se ve como existe la entrada en bandas, la pertenencia a `barras bravas’, la alianza negativa con grupos marginales. Se va conformando lo que se denomina el `narcisismo maligno’ donde siempre la grupalidad patológica va escondiendo a la persona (Otto Kernberg, analista especializado en trastornos de la personalidad severos).
NARCISISMO MALIGNO
El síndrome de narcisismo maligno está caracterizado por una personalidad, por un egocentrismo extremo, envidias, tendencia a sentirse en competencia con todos los demás, superioridad, tendencia a devaluar a otros, incapacidad de empatizar y de relaciones humanas profundas. Hau una sensación emocional crónica de vacío, con abuso de drogas y alcohol, para compensar esta sensación y conductas antisociales francas (mentiras, destrucción a entidades sociales).
Cuando se ligan a líderes antisociales están cerca de formar grupos extremistas. Este líder refuerza sus conductas, que además les justifica todo, sin sentimientos de culpa.
Tienen todos colapsos en su vida social, por ejemplo, hijos abandonados y repiten con otros su propia historia. Son `materia’ fácil para grupos marginales y para un `Patrón del mal’ que los dirija. La agresión es un mandato ético validado por el `líder antisocial’ máximo. Se establece un `Estado totalitario’ en el propio grupo de pertenencia patológico, ya sea en el barrio, el club, o con el distribuidor de drogas. Ahí nada se discute. Nada de lo que dice el `líder mayor’ se puede discutir. Todo vale en el reino de la anomia (anemia de valores y normas) prestigiada, y así todo se justifica desde un enemigo.
Los pacientes son una lectura de una época, surgen de déficits de la propia cultura que los recibió y en muchos casos los abandonó. Esta es una tarea nueva para los que como terapeutas los debemos acoger y ayudar tanto a ellos como a los restos de familia que tienen. Promover alianzas, desterrar defensas frente al otro, cultivar la paciencia y la flexibilidad frente a personas que han sufrido mucho es una tarea de hoy.
Juan Alberto Yaría
* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones